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A la VIII Semana del Misterio (celebrada en el 2012) en el Centro Cultural Don Cecilio de Sevilla no podían faltar dos clásicos conferenciantes en este genuino rincón de Triana: Lorenzo Fernández Bueno y Juan José Revenga. Son dos aventureros de lo desconocido. No dudan en internarse en cualquier senda que les lleve hacia el misterio a través de la aventura. En estos viajes descubren lugares fascinantes y atesoran infinidad de anéctodas que interesan a muchos curiosos, por lo que el salón donde se desarrolla la tertulia Ágora, organizadora de las jornadas, estuvo lleno durante la ponencia.

Lorenzo Fernández es escritor, investigador y director de la revista Enigmas, entre otras actividades, como colaborar en La Rosa de los Vientos en Onda Cero o participar junto a Juan José Revenga en la producción de algunos de sus documentales. Este último, además de realizar expediciones para filmar y crear productos audiovisuales sobre los lugares más inhóspitos del mundo ha sido fotoperiodista y corresponsal en algunos de los numerosos conflictos que han asolado a la humanidad en tiempos recientes.

Comenzaron la ponencia agradeciendo su presencia a todos los asistentes y centrando su exposición en un tema con mucho tirón mediático en nuestros días: el mundo maya. Y es que si bien todos hablan de los terribles presagios ocultos tras las profecías de esta cultura ancestral, para Lorenzo Fernández se trata de un negocio: «el negocio del miedo. No es oro todo lo que reluce», comentó en relación a los intereses que se ocultan tras este pánico apocalíptico al servicio de lo económico.

Para acercarnos a la realidad de este pueblo que han ido descubriendo en sus expediciones mostraron una fotografía de unos mayas en la actualidad. Para Juan José Revenga, «eran mucho más que salvajes, aunque hoy día utilizan como modus vivendi la exhibición y el turismo. Algunos usan la caracterización que les puso Mel Gibson para el rodaje de la película Apocalypto».

Continuaron hablando de Tulum, la ciudad que los mayas construyeron al borde del mar en el sureste de México, que fue donde arribaron los españoles por primera vez durante el descubrimiento de América. «Llegaron preguntando: ¿Esto qué es?, y los indígenas decían: ‘u ui tan’, que significa: ¿Qué dicen? y los españoles dijeron: ¿’u ui tan’? Pues Yucatán. Y eso es lo que ocurrió», anécdota que Juan José Revenga comentó divertido provocando la carcajada de los asistentes.

Tulum es la única ciudad maya que se encuentra ubicada cerca del mar, por lo que cabe preguntarse, como así lo reflejó Lorenzo Fernández: «¿Qué estarían esperando?», ¿Esperarían la llegada de algún dios procedente del otro lado del océano?
El reino maya se componía de ciudades-estado independientes las unas de las otras, aunque mantenían contacto entre ellas. «Lo que llama poderosamente la atención es que lo lógico sería que estas ciudades se asentaran en las llanuras de Tabasco. Y van y se asientan en los lugares más inhóspitos. O bien querían ocultarse de algo o bien querían esconder algo que venía de más allá del mar: sus dioses», comentó Lorenzo Fernández durante la ponencia.

Otras incógnitas que rodean estos asentamientos es que se encuentran dispersos por la península sobre la que cayó el meteorito que supuestamente acabó con la vida de los dinosaurios. El insólito suceso se perfila en las estelas mayas, por lo que Juan José Revenga se pregunta: «¿Cómo es posible que algo que pasó hace millones de años aparezca en estas estelas?»

Los Mayas siguen conservando rituales milenarios como las ceremonias de los hombres voladores. Los conferenciantes expusieron fotografías sobre esta ceremonia en la que se juegan la vida. Y lo más inquietante de todo es que la costumbre se asienta sobre un poso mítico que habla de rendir homenaje a unos dioses de su panteón que volaban: los Señores del Cielo.

Estas manifestaciones, este deseo por honrar a unos dioses que parece que se repiten en todas las tradiciones de las civilizaciones antiguas nos lleva a una idea que se tuvo muy en cuenta durante la conferencia, ya que los ponentes pusieron de manifiesto que si el arte rupestre representa lo que el hombre pasado veía, y esto se repite en varios lugares de la Tierra distantes entre sí, debemos de pensar que quizá todos vieron lo mismo. Esto se refleja muy bien en la construcción de las pirámides. «¿Por qué en la misma época que en Egipto los Mayas levantaban pirámides? ¿Por qué siempre para honrar a los de arriba? Nunca sabremos quienes eran sus dioses y por qué les exigían sacrificios», en palabras de los aventureros.

En una de sus incursiones en el mundo de este pueblo precolombino Lorenzo Fernández y Juan José Revenga viajaron a Cobá, la población en la que se encuentran las estelas mayas que supuestamente hablan del fin del mundo. Se trata de un lugar aislado, como todo en el mundo maya, aunque es un aislamiento voluntario.La sorpresa que se encontraron fue mayúscula: «No había nadie. Éramos los únicos investigando. Ninguno acude a observar las estelas pero todos hablan de ellas», comentaron. Además, es obligado destacar que de la estela a la que atribuyen la profecía del fin del mundo no queda prácticamente nada. «Es un pedrusco casi destruido», señalaron los expedicionarios.
Lorenzo Fernández no pudo resistir la espera hasta la parte final de la ponencia para hablar sobre la profecía y comentó que «si tenemos que creer en la misma, sepan que el 21 de diciembre de 2012 ya lo hemos pasado». Y es que ahora, si seguimos los cálculos exactos, nos encontraríamos en el 2017 d. C. Esto es gracias a un señor que se llamaba Dionisio el Exiguo. Él llegó a la conclusión de que el año cero partía de la fecha del nacimiento de Jesús, lo que pasa es que no prestó atención a lo que decían cientos de exegetas: que la muerte de Herodes el Grande se produce en el año cuatro antes de Cristo, concretamente el 13 de marzo, con lo cual la Matanza de los Inocentes se tuvo que producir como poco dos o tres años antes. Con lo cual ya nos estamos remontando cronológicamente seis o siete años. Conclusión: hoy en día no estamos en 2012. Estamos en 2017 o en 2018″.

Juan José Revenga asegura que en el lugar donde se encuentran las estelas no hay nadie, teniendo en cuenta además que su exposición al aire libre y a las inclemencias meteorológicas han ido desdibujando los caracteres hasta volverlos prácticamente ilegibles. «Aun así nos dicen que aluden a una fecha en la que habrá tormentas solares que van a acabar con las comunicaciones. Y un tal Parker de la NASA dando unos informes totalmente falsos, porque ese Parker no existe en la NASA», asegura el conferenciante. Aunque sí que es verdad que hay actividad solar, que ha habido tormentas solares, como la de 1859, que acabó con los telégrafos. También señaló que en uno de sus viajes hablaron con un chamán maya que les dijo: «Claro que habrá un cambio. Es el fin de nuestro mundo. Mis hijos ya no hablan maya, no están interesados en nuestras costumbres. Es el fin de nuestra cultura».

Hicieron también alusión a Alberto Borrás, un científico que lleva muchos años colaborando con la revista Enigmas y que era amigo personal del añorado Fernando Jiménez del Oso, quien a la pregunta de qué ocurriría si mañana se produjera una gigantesca tormenta solar asegura que la consecuencia más clara es que los móviles dejarían de funcionar. «Evidentemente eso para algunas personas es el apocalipsis, pero no es lo que nos están vendiendo», comentó Lorenzo Fernández.

La famosa estela de la profecía es en sí una piedra grabada de hace 3.114 años, por lo que ha pasado demasiado tiempo según los ponentes para que se pueda interpretar algo de manera correcta, aunque con respecto a si los mayas dominaban el tiempo, están totalmente convencidos de que sí. Tanto es así que el año maya tenía una serie de valores que no han podido comprobarse si eran correctos o no hasta la invención de los relojes atómicos. Y estaba bien calculado.

Esto tiene mucho que ver con el gran misterio de esta civilización: ¿Dónde están? Porque no se han encontrado cadáveres en las ciudades. Un ejemplo es Cobá, que aunque estuvo habitada por 80.000 personas no alberga ningún enterramiento. Los arqueólogos americanos, tal y como comentaron los conferenciantes, se enfrentan a los yacimientos desde el respeto a las culturas preexistentes, como el rendir homenaje a la «Pachamama» (Madre Tierra) antes de entrar en un lugar sagrado, por ejemplo. Teniendo en cuenta esta perspectiva y sus conocimientos en lo que a física cuántica se refiere no es difícil entender algunas de sus teorías en relación al misterio de los mayas. «Allí, cuando le preguntas a los arqueólogos qué piensan de dónde están, te dicen que viven como nosotros. Y que algún día volverán. Dominaban tanto el tiempo que han pasado a otro plano. Esto es lo que afirman los que investigan allí», comentaron.

Los avanzados conocimientos de los mayas en campos como el del cálculo del tiempo parece que no casan con otras prácticas tan salvajes como la del juego de pelota, donde el premio para el capitán del equipo ganador era que le cortaran la cabeza. Aunque hay que entender estas manifestaciones en el contexto de su cultura, ya que para ellos era un premio, porque salvaban el paso por todos los purgatorios de su religión. «A ellos, no como a nosotros, no les hacía falta ningún intermediario para hablar con sus dioses. Convivían con ellos. Esos dioses eran simpáticos a veces pero casi siempre muy malos. Para llegar a ese inframundo maya había que pasar por diferentes mundos. La forma de salvarlos todos para llegar al definitivo era precisamente el juego de pelota.», comentó Lorenzo Fernández. Hacían verdaderas carnicerías humanas, pero los condenados morían dichosos.

Los viajeros continuaron mostrando imágenes de sus viajes y hablando de las conexiones entre las diferentes culturas que poblaban la Tierra en épocas precolombinas. En Babilonia, por ejemplo, aparecen las mismas construcciones que en la península de Yucatán, lo que no deja de ser fascinante, porque no tenían ninguna conexión, «aunque se habla mucho de las conexiones chamánicas que pudieran tener entre ellos, pero eso ya entra dentro de la imaginación o de como queramos verlo», señaló Juan José Revenga. Una de los enclaves más enigmáticos que han visitado ha sido Chichén Itzá. La pirámide es todo un desafío matemático: 91 escalones por cada lado y 1 en el centro, lo que sumado da un resultado de: 365. Un año completo. «Lo dominaban todo», aseguró Lorenzo Fernández.

Chichén Itzá, el templo de Kukulkán, está dedicado a esta deidad imprescindible del panteón maya, asociado directamente con Quetzacoalt, la serpiente emplumada. Es el dios principal y está esculpido en la base de dicha pirámide. Cuando llega el equinoccio de primavera se produce un espectáculo fascinante, pues los rayos de sol dibujan sombras que se mueven como si fueran una serpiente desde lo alto de la construcción hasta la base en la que se encuentra representada la cabeza del dios.

Otros enigmas relacionados con las pirámides mayas es que continúan su construcción bajo tierra, e incluso existen conexiones, calzadas subterráneas que podrían ser una vía de comunicación entre las principales ciudades. Estas teorías todavía no están muy asentadas en la historiagrafía oficial, y es que por ejemplo, la arqueología americana no admitía hasta hace poco que las pirámides pudieran ser templos funerarios, pero lo cierto es que las últimas investigaciones indican lo contrario.

También se dedicó parte de la ponencia a habar de una divinidad que en nuestro país y en el resto de Europa no tiene tradición aunque en Sudamérica sea adoración principal: La Santa Muerte. Los mayas adoraban a esta diosa hace ya 3.000 años, por eso le dedicaron construcciones plagadas de calaveras grabadas en la roca. Esa tradición está muy consolidada en nuestros días porque las mafias latinas del narcotráfico la tienen poco menos que por patrona. «En Tepito, un barrio donde no entra ni la policía porque todos los días muere gente, hay altares dedicados a la Santa Muerte en cada esquina. Porque están convencidos de que si pides algo a la Santa Muerte te lo concede. Pero eso sí: también se lo cobra», apuntó Lorenzo Fernández.

Otro templo a tener en cuenta en lo que a arquitectura maya se refiere, además de los impresionantes observatorios astronómicos, es el templo dedicado al dios Chac, el dios de la lluvia. Es una construcción que no pasa desapercibida puesto que no se corresponde con el tipo de construcción habitual en esta civilización, por lo que hay quien dice que es anterior. «Olmeca, porque todo lo que no saben lo que es lo catalogan como olmeca. Lo mismo ocurre aquí, solo que con Tartessos», comentó Juan José Revenga entre risas y el gesto cómplice del público.

Tampoco podían dejar de hablar de Teotihuacán, enclave fundamental sobre el que se levantan la pirámide del Sol y de la Luna. Cuando llegaron los aztecas hasta dicho lugar se encontraron una ciudad abandonada que vuelven a poblar reanudando la costumbre local de los sacrificios. La calzada que une ambas pirámides es conocida como la «calzada de la muerte». Por ahí desfilaban felices miles de personas camino del fin de sus días, que los aguardaba en lo más alto de las pirámides. La bajada la harían sus cuerpos sin vida rodando escaleras abajo de la construcción.
En relación a este enclave arqueológico Lorenzo Fernández comentó que se están haciendo descubrimientos impresionantes. El arqueólogo Sergio Gómez ha localizado justo debajo del templo de Quetzacoalt y a 14 metros de profundidad restos de cerámica y un túnel horizontal que va a parar a los bajos del templo del dios Jaguar. Al igual que pasara en la Gran Pirámide de Keops en Egipto con los canales que se descubrieron y por los que se internaron robots que fueron descubriendo puertas, aquí también se ha introducido un aparato que ha determinado que este túnel no es natural. «Debajo se encuentran tres tumbas teotihuacanas. Invioladas y selladas. Si finalmente se confirma que esto es así, en pocos meses vamos a vivir el mayor descubrimiento arqueológico del siglo XXI», en palabras del conferenciante.
Siguiendo con el viaje, la siguiente parada fue Tula, la capital de los toltecas. Todo parece estar hecho a escala de gigantes, como las impresionantes columnas que representan hombres cual cariátides clásicas, aunque lo que más sorprende no es su tamaño, si no su apariencia. «Portan objetos como lo que parecen ser llaves, pistola, casco, o al menos se parece mucho», señaló Juan José Revenga. Para esto, los ponentes no encuentran explicación lógica, y les recuerda a lo que ocurre con los monolitos de Tiahuanaco o con los Moais de la Isla de Pascua. Y cómo no, también a un pasaje del Génesis en la Biblia donde se habla de los seres que nacieron de las relaciones entre ángeles y mujeres: gigantes.

Tampoco pudieron dejar de hablar de las cabezas olmecas repartidas por la selva. Poseen rasgos claramente identificables como negroides, africanos. Y además parecen tener casco. Pesan muchas toneladas y se encuentran situadas a kilómetros de su cantera de origen, por lo que es un misterio cómo las trasladaron.

La olmeca es la cultura primigenia de toda la zona, de la que se supone que nacieron el resto de culturas, aunque hablar tan peregrinamente de periodos históricos tan lejanos y extensos constituye una aberración histórica. Los conferenciantes tuvieron a bien hablar de las conexiones entre las distintas culturas durante este tiempo que nos resulta tan enigmático. Así, encontramos leyendas que hablan de Jiba, un continente hundido del cual sólo quedaría la Isla de Pascua, su cumbre más alta. Y existen otras tradiciones que hablan de la isla Aztlán o incluso de la Atlántida.

En este sentido, hay investigaciones tan interesantes como la de Paulina Zelitsky, una de las oceanógrafas más prestigiosas del mundo, en palabras de Lorenzo Fernández, que a 500 metros de profundidad en los fondos oceánicos de Cuba descubrió lo que parecen ser construcciones como aparentes pirámides, calzadas, jeroglíficos… construcciones hechas por el hombre, en definitiva. «Es que parece imposible. Estamos hablando de 550 metros de profundidad. Pensemos que el nivel de las aguas nunca ha estado más alto que ahora, pero sí más bajo. Si hace 10.000 años el nivel del agua estaba 80 o 100 metros por debajo, para llegar a los 550, ¿A qué época nos tenemos que remontar?», apuntó el ponente.

Estos gigantescos a la par que lejanos periodos de tiempo son habituales en esta zona de América. Así como las tradiciones destinadas a recordar a sus dioses, como la deformación de las cabezas para parecerse a una divinidad que hace mucho tiempo estuvo aquí, por ejemplo, que además aparece en otras partes del mundo.

En este sentido, el panteón de dioses está plagado de tintes heterodoxos y fascinantes, como por ejemplo, ¿Cómo es posible que a Viracocha se le represente con símbolos que parecen recordar a cascos, naves… o a un cohete? ¿Y que Kukulkán tuviera barba a pesar de que las razas autóctonas de esta parte de América son lampiñas?

No quisieron dejar de hacer un alto en el camino para contemplar los tesoros que alberga el Museo de Antropología de México. Todos los objetos son de piedra, y ahí sí que se mantiene en muy buen estado de conservación algunas estelas mayas. Se reflejan círculos concéntricos que para los conferenciantes tienen una correspondencia con otras tradiciones como el símbolo de la Atlántica del que habló Platón o incluso la forma de la cola del mono de las Líneas de Nazca. Siempre están presentes.
Otro objeto muy importante que se muestran en este enclave es uno de los poco códices que sobrevivieron a la conquista de América y a la posterior evangelización cristiana.

En este punto de la intervención y tras el extenso recorrido, aunque sea de puntillas, por las tradiciones mayas, Lorenzo Fernández Bueno y Juan José Revenga se preguntaron: Con respecto al 2012… ¿Nos están tomando el pelo? A lo que respondieron: «Podríamos decir que sí». Y la prueba son hechos como los siguientes:

-Harold Camping y su red ultraconservadora Family Radio a través de la cual ha difundido su mensaje apocalíptico de la llegada del fin del mundo, captando a diversos ciudadanos y a sus bolsillos. Tras diversos y sonados errores de cálculo se encuentra desaparecido, aunque hay quien dice que ha sido arrebatado a los cielos, aunque parece que es más probable pensar que fue víctima del tornado de Missouri.

-Leonel José González Morales, quien profetizó el apocalipsis para enero de este año, pero de profeta no tiene nada, y está condenado por la justicia por violador y pederasta.

En las últimas décadas estos fanatismos han provocado suicidios y muertes terribles, como la secta de los davidianos, con 106 muertos a sus espaldas o como Templo del Pueblo, con 909 fallecidos, entre ellos 276 niños, y en el caso de la Orden del Templo Solar el resultado de los delirios apocalípticos fueron 74 muertos. Durante la conferencia se expusieron varios de estos casos, porque desgraciadamente hay bastantes casos para elegir.

Pero el morbo y las ansias de dinero no tienen límites, así que muchos están haciendo negocio con este tipo de miedos. Encontramos servicios (previo pago de 80.000 dólares, claro) como la cápsula del juicio final, comercializada por una empresa cuyo nombre no deja de tener gracia: ¡Vivos! Aunque para acceder a una plaza en la misma hay que demostrar que tienes alguna virtud o alguna capacidad con la que contribuir al mundo posterior a la hecatombe. El principal fallo: que tiene un aguante máximo de 1000 días.

Aunque si hay un lugar que está sufriendo este tipo de excentricidades es sin duda Bugarach, un pueblo del Languedoc francés. Allí, en un monte cercano, se encuentra situado un lugar enigmático al que Julio Verne señaló en una de sus novelas como la entrada al centro de la Tierra. Este monte se ha convertido en un lugar de peregrinación desde que cuatro estadounidenses lo señalaron como el lugar que se salvará del fin del mundo en diciembre de este año. Desde entonces el pueblo se ha visto asolado por multitud de personas que quieren adquirir terrenos allí y se ha desatado una auténtica fiebre en relación a la zona, algo que ha alterado de manera clara la tranquila vida de los habitantes del pueblo, y se espera que a medida que vaya llegando la fecha clave, más aún.
El Elenin, las supuestas profecías de Raffaele Bendandi… siempre estamos inmersos en algún tiempo que para alguien es el fin de los tiempos. Quizás sea por un miedo ancestral e inamovible a perder nuestra casa, el planeta que habitamos y nuestra vida. O quizá sea porque sabemos que hemos contribuido demasiado al deterioro de esa ‘Pachamama’. Pero sea como sea, lo importante de este tipo de relatos es que nos ayudan a dominar con golpes de razón este negocio del miedo que no trae nada bueno. Y a aprender a acercarnos a estos temas con la mente abierta y muchas ganas de aprender.

El entusiasmo y la curiosidad generan sentimientos únicos que te hacen conocer mejor nuestro pasado, proporcionándote herramientas con las que poder afrontar cada uno de los pasos de nuestro futuro. Eso es lo aprenden Lorenzo Fernández Bueno y Juan José Revenga en cada uno de sus viajes.

Y eso es lo que abanderaron con pasión durante su conferencia.

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