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El noviembre de 2011 tuvo lugar en los Salesianos de Triana una conferencia que hubiera hecho las delicias de cualquier aficionado al misterio. Y es que si ya de por sí el acto giraba en torno a la Síndone de Turín, ese controvertido objeto de culto para algunos, falsificación medieval para otros, más aún cuando quien hace de maestro de ceremonias es un hombre que responde al nombre de Julio Marvizón.

Él es una de esas personas clave en el mundo de la divulgación e investigación de lo insólito. Sobre todo de cara a la ufología y a la parapsicología andaluza, campo en el que durante décadas trabajó codo con codo junto al que está considerado como el padre de la disciplina en el sur de España: Manuel Osuna. Ingeniero Industrial de estudio, meteorólogo y primero de su promoción, también es conocido como «el hombre del tiempo» en Andalucía, debido al trabajo ejercido durante mucho tiempo en medios como la SER o Canal Sur, entre otros. Organizador de congresos centrados en el estudio de lo desconocido y prolífico conferenciante, es autor de obras como La verdadera historia del Condesito: probable contacto tecnológico con seres extraterrestres, Los otros poderes de la mente (junto a Enrique Vila), Memoria de un meteorólogo en apuros y La Sábana Santa. 

En esta ocasión, Julio Marvizón acudió al teatro de los Salesianos de Triana como sindonólogo, miembro del Centro Español de Sindonología y estudioso de la Santa Sábana de Turín, un pedazo de tela que lleva siglos constituyendo uno de los mayores enigmas.

El experto inició la charla reconociendo que la historia de la Síndone no está completa. Desconocemos parte de su devenir a lo largo de los siglos y existen periodos con carencia de datos, pero para situarse en el inicio de su trayectoria, Julio Marvizón señaló que había que remontarse a los evangelios apócrifos. En uno de estos textos, aparece un pasaje en el que El Rey Abgar, de Edesa (en la actual Turquía), le escribe una carta a Jesús de Nazaret en la que le ofrece alojamiento en su reino, porque le admiraba, pero Jesús le dice que su misión se encuentra en Jerusalén y que no puede moverse de allí. Una vez concluida la pasión, muerte y resurrección de Cristo, cuenta la leyenda y la tradición evangélica apócrifa que un discípulo de Jesús huye a Edesa con el lienzo que envolvió el cuerpo de su Maestro: la Sábana Santa. Allí se la ofrece al Rey Abgar, a quien el contacto con la misma le habría curado de la lepra.

Para Julio Marvizón, pinturas como esta demuestran la existencia del lienzo en la antigüedad, y sobre todo que los bizarros artistas habían contemplado la Síndone para poder materializar sus obras, puesto que las rayas que surgen alrededor de la cara plasmada en el lienzo aparecen en la Sábana Santa. Es la explicación más plausible para entender la aparición de estas marcas en los grabados.

Marvizón continúa la que considera como la historia del lienzo, cuya primera estancia tras Jerusalén sería Edesa. Permanece en Edesa y allí, pasado el tiempo, un nieto del Rey Abgar quiere destruirla. Allí se le da culto a otras religiones y para que no sea destruida la ocultan en una muralla bajo una vitrina. Se la olvida hasta el 525 d. C. Permanece unos siglos perdida, según el investigador, pero cuando vuelve a ser hallada se convierte en un objeto de culto muy importante en Edesa.

Es a su paso por Edesa, continúa, cuando el lienzo comienza a recibir el nombre de Mandylion, que vendría a significar: tela no pintada por mano humana, o también Tetradiplon, que en griego significa: «doblado cuatro veces», lo que vendría a conectar con la forma en la que se doblaba la sábana, dejando visible solo la cara impresa sobre la misma.

A partir de aquí comienza la relación entre el sagrado objeto y los legendarios Templarios. Marvizón destaca que Edesa, en manos de los árabes, fue recuperada en el siglo X por Romano I Lecapeno, pero tras los diferentes vaivenes acabó cruzándose su historia con la de los Templarios a través de las Cruzadas. En estos tiras y aflojas políticos la Síndone va a parar a Constantinopla. No se sabe si por intercambio político, social, pero el caso es que la reliquia, según Marvizón, escapó del dominio musulmán.

En 1.204 desaparece su rastro y durante 140 años no se sabe nada de su paradero. Hasta 1.345 no aparece. Y lo hace en poder de Godofredo de Charny. El último Gran Maestre de la Orden Templaria fue Jacques de Molay, quien fue quemado junto a otro seguidor, Godofredo de Charnay. ¿Son una simple coincidencia los nombres y los apellidos Charnay y Charny? Julio Marvizón se inclina a pensar que no. Y es que si ya de por sí es tan certero el parecido entre estos apellidos que nos obliga a pensar en una relación directa, también hay que decir que la mujer de Godofredo de Charny era bisnieta del Duque de Atenas, quien en alguna ocasión tuvo que transportar la Sábana. Por lo tanto, de un modo o de otro, por herencia directa o por la de su mujer, Charny, asegura el sindonólogo, estaba en poder de la Sábana en 1.345.

En este punto es importante sacar a colación la cuestión de que una de las principales acusaciones hechas a los Templarios y que les llevaron a ser considerados herejes y a ser puestos en busca y captura para después ser quemados, fue que adoraran a un ídolo, a un rostro, llamado Baphomet. «¿No sería que durante el tiempo en que la Síndone estuvo perdida fue custodiada por la sagrada Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, y que alguno de sus más valiosos secretos era adorar el rostro de su Dios impreso en un lienzo: la Síndone?», se pregunta Marvizón.

El caso es que nos encontramos en 1.345 y Godofredo de Charny es caballero y uno de los mejores amigos del Rey de Francia. Tanto es así que en la batalla de Poitiers Charny muere al interceptar un ataque dirigido a su líder. Lo llevan a la localidad francesa de Lirey a enterrarse. Y allí, según explica, viaja también la Síndone.

Julio Marvizón explicó durante su conferencia que la viuda de Charny la expone en la ciudad y tal es la fama que alcanza que a Lirey viajan peregrinos de todas las condiciones para contemplar el lienzo. Allí está expuesto durante mucho tiempo e incluso se configura un medallón para los peregrinos en el que aparece la sábana y los escudos de Godofredo de Charny y de su mujer.

Transcurre el tiempo y la Sábana Santa queda en manos de la nieta de Godofredo de Charny: Margarita. Esta se casa con el Señor de un pueblo pequeño. Y ante los vaivenes políticos y sociales teme por la Sábana y, relata Marvizón, se la lleva de Lirey hasta la localidad en la que reside: Saint Hippolyte Sur Le Doubs. Tras enviudar, la nieta de Charny, continúa el conferenciante, se ve en una mala situación económica, así que empieza a exponer la Sábana Santa todos los viernes previo pago de lismona. Más tarde, Margarita de Charny viaja por toda Eurpoa con la Sábana, se piensa que para recaudar dinero. Y el caso es que el lienzo acaba en manos de la Casa de Saboya según estima el experto. No se sabe si la regia estirpe se hace de ella por donación o por compra.

Desde 1.453 hasta 1.983 permanece la reliquia bajo la protección de la Casa de Saboya. Pero el último rey de la dinastía se la entrega al Santo Padre. A la hora de leer el testamento, Julio Marvizón comenta divertido que se dice: «se la entrega a la Santa Sede» en vez de «al Santo Padre». Y es que los Papas pasan pero la Iglesia permanece.

Es momento de abordar una de las mayores polémicas en torno a la Síndone. ¿Fue una falsificación medieval realizada por el genio florentino Leonardo Da Vinci? Para Julio Marvizón esta hipótesis carece de cualquier tipo de legitimidad y no entiende cómo investigadores ingleses pueden hablar de protofotografía y de creación de Leonardo cuando este nace 1.452 y la Síndone en 1.453 está documentado que se encuentra en la Casa de Saboya. El conferenciante señala que: «Da Vinci era un genio, pero no creo que con meses pudiera estar haciendo esto».

Continuando con el repaso a la historia de la reliquia, durante su estancia con la Casa de Saboya la Sábana Santa se conserva en una capilla de Chambery (Francia). Del 3 al 4 de diciembre de 1.532 se produce un incendio en el lugar que amenaza con destruir el lienzo, que se conserva doblado en una cajita de plata. El abad y una monja atraviesan el incendio para salvarla y lo consiguen. Pero la urna de plata se ha comenzado a fundir y algunas gotas han caído sobre el lienzo. Esas son las manchas y las señales en formas triangulares que se aprecian a lo largo de la Sábana, ya que al estar doblada en la urna se marcan las esquinas. Para intentar arreglar las partes más dañadas las monjas clarisas de Chambery realizan algunos remiendos.

En 1.578 el Cardenal Carlos Borromeo decide peregrinar desde Milán hasta Chambery para contemplar la Síndone. Para evitar que el anciano tuviera que recorrer la región de los Alpes, la casa de Saboya decide trasladar el lienzo hasta Turín (Italia), donde permanece todavía a día de hoy. En 1.997 también se produjo un incendio en la Catedral de San Juan Bautista de Turín, donde un bombero rompió los gruesos cristales que contenían la urna donde estaba depositada la Síndone para protegerla. Julio Marvizón cree que jamás hubo peligro para el lienzo, puesto que el fuego se produjo en el coro y no en la capilla donde se ocultaba la reliquia, pero se le quiso dar mucho sensacionalismo, según él, a la noticia.

Hasta aquí el supuesto devenir histórico de la reliquia. A continuación, Julio Marvizón comenzó a hablar de la relación entre ciencia y Síndone en los últimos tiempos. Todo comenzó por la fotografía que realizó Secondo Pía durante una ostensión (exposición de la Síndone durante 42 días. Ocurre pocas veces y sólo en ocasiones especiales, ya que la mayoría de veces permanece oculta en una urna), en la que por primera vez pudo contemplarse la imagen en fotografía y se extendió la consideración de que la Síndone era un negativo fotográfico. Para Julio Marvizón la Sábana Santa no puede ser un negativo fotográfico. Y reconoce que esto lo ha descubierto con el paso de los años, cuando se ha dado cuenta de que la parte frontal de la misma si funciona como un negativo, pero no la parte dorsal, la que está en el suelo.

Son muchos datos los que se han descubierto con el paso del tiempo gracias al estudio del lienzo. Es un tejido especial, confeccionado a modo de espiga. Un método complicado, costoso. Se ha descubierto que era un tejido muy normal en el lejano Oriente, aunque caro. En la Mishná, la ley judía, se dice que no se puede mezclar fibra vegetal con pelo animal para confeccionar los tejidos. Y en la Sábana Santa no se ha encontrado un solo pelo, según el sindonólogo. Algo que si hubiera pasado indicaría que la tela se habría confeccionado en un taller occidental. Por lo tanto una prueba más que avala, dice su procedencia judía. La tela que nos ocupa era muy usada por los sacerdotes de la época, por lo que Julio Marvizón contempla la posibilidad de que el lienzo, si se tratara del que cubrió el cuerpo de Jesús, fuera conseguido por Nicodemo y José de Arimatea en el mismo Templo de Jerusalén.

Otra prueba más que pone de manifiesto la antigüedad de la reliquia para Julio Marvizón es el cambio en las representaciones pictóricas de Jesús. En el mundo antiguo era representado como «el buen pastor», un hombre sin barba, pero a menudo que cala en la sociedad antigua la existencia de la Síndone los artistas representan a Jesús con las características del rostro de la Sábana Santa. Están todos basados, asegura, en la misma.

Julio Marvizón no quiso concluir su conferencia sin hablar de los nuevos trabajos que se están realizando sobre la Sábana Santa, como el llevado a cabo por el Instituto de óptica de París, donde dicen haber observado letras que parecen significar «Nazareno» y «Jesús», entre otras.  También habló de los signos de la Pasión que se observan en la Síndone, donde hay restos de sangre venosa, arterial, laceraciones, señales de los clavos, del casco de espinas o del patíbulo con el que cargó ese hombre de la Sábana Santa hasta la Cruz, explica. No podía tampoco dejar de hablar de los restos de pólenes en la Síndone o de las famosas pruebas del Carbono 14, un método no válido para comprobar la antigüedad de la misma, señala, (puesto que es para materiales que han estado ocultos bajo tierra y sin ser trasladados de un sitio a otro como es el caso de la reliquia) y que no se llevó a cabo de la mejor manera (trozos repartidos entre los laboratorios sin catalogar, algunos en botes de aluminio, otros en bolsas de plástico, etc. y sin precauciones en la manipulación como demuestran, explica, las fotografías de la extracción de los tejidos). A pesar de todo, y del resultado,  aunque arroje que la Sábana Santa es una falsificación medieval, según Julio Marvizón, aunque eso fuera verdad, que a todas luces es complicado según el conferenciante, ya que existen 300 pruebas a favor de su autenticidad, dice, y tan solo una en contra (el carbono 14), todavía queda que la ciencia explique cómo se produjo la impresión de la efigie sobre el lienzo, un misterio, recuerda, todavía vigente a día de hoy. Y que para Julio Marvizón es el signo claro de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, el Dios en el que cree y el que le hace contemplar maravillado el lienzo que tantas veces se ha dedicado a investigar.

Tras la conferencia, los asistentes parecían tener la sensación de querer saber más. De conocer. De interrogarse.

Y esos impulsos son los que mueven el mundo.

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