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Existen lugares bajo nuestros pies que son auténticos tesoros, sepultados por años de historia y olvidados por las gentes que un día los utilizaron. Y quién sabe también cuántos otros jamás han sido contemplados por los ojos de ser humano alguno, durmiendo un sueño infinito nunca perturbado. Hace poco visité uno de esos sitios ocultos durante siglos: la Cueva de los Enebralejos en Prádena (Segovia).

En 1932, unos vecinos del pueblo que cavaban un pozo para obtener agua, dieron fortuitamente con la extensa cueva. Posee unos 3.670 metros de galerías, aunque solo unos 500 son visitables. Cuando pude recorrer la caverna en semipenumbra imaginé la sensación que tuvo que embargarles a esto descubridores cuando, sin esperarlo, se vieron trasladados a un santuario mágico que llevaba cientos de años sellado.
Según las investigaciones realizadas en el lugar, los primeros pobladores que dieron uso a la gruta se remontan a finales del periodo calcolítico. Estos hombres estaban entrando en la edad de los metales, pues se han hallado restos en la zona que indican que ya fundían cobre.
Los habitantes prehistóricos de la Cueva de los Enebralejos tenían el poblado en el exterior, en las proximidades de la cavidad. Esta la usaban como cementerio y aunque hasta el momento se han desenterrado unos ochenta cuerpos, se sabe que en el interior hay muchos más. La mayoría de los restos hallados son prehistóricos, pero también se han encontrado huesos modernos. Esto se explica porque, a raíz del descubrimiento de la cueva en 1932, mucha gente entraba con candiles para verla. Alguno de estos curiosos se quedaría sin luz y se perdería sin tener la suerte de llegar a encontrar la salida. Las evidencias de estas peligrosas visitas también se dejan sentir en las estalactitas, pues hay muchas que están cortadas porque, en esa época, todo el mundo quería llevarse un recuerdo. También hay que destacar que, según la tradición popular, la cueva fue cegada en época de la Inquisición, pues se sospechaba que servía de refugio a judíos.
Los primeros ambientadores de la historia
El estudio de estos enterramientos ha iluminado los conocimientos sobre el modo en el que llevaban a cabo el ritual. En un primer momento, dejaban el cuerpo a la entraba de la caverna, en sus primeras salas, para que se fuera pudriendo. Se comprende que durante esta parte del proceso el olor debía ser insoportable y, tal y como nos dijo el guía de la cueva, nuestros antepasados intentaron poner remedio al problema creando los primeros ambientadores de la historia. En el lugar en el que abandonaban a los fallecidos se han hallado restos de tomillo, romero… plantas aromáticas para contrarrestar el desagradable olor que provocaban los cuerpos en descomposición.
Cuando del cadáver ya solo quedaban los huesos, cogían el cráneo, las extremidades inferiores y superiores y alguna pertenencia del difunto y se internaban en las profundidades de la gruta. Ellos consideraban que a mayor profundidad, mayor sacralidad. Una vez habían llegado al sitio concreto en el que querían depositar los restos, los introducían en el interior de vasijas de cerámica.
En cuanto al arte rupestre que albergan las galerías, hay pinturas fácilmente interpretables y otras más controvertidas. Por ejemplo, aparece en la cueva una escena de caza en la que se perfila un cazador con lanza, caballo y una bestia. No está confeccionada en un lugar cualquiera, sino en un saliente donde nuestros antepasados tuvieron la certeza de que se podía conservar. Cerca de la pintura se hallan los restos de un joven de unos catorce años -en aquel tiempo se trataba de un individuo adulto- que está enterrado con lanzas y muchas armas. Debía ser un gran cazador, por eso no es casualidad que la escena de caza esté tan próxima a su tumba. Seguramente, debió realizarse en su honor.

 

Los secretos del Santuario

Otra pintura que me maravilló se encuentra junto al cauce de un río subterráneo, en una sala de la cueva conocida como “El Santuario”. En esta sala hay muchísimo arte rupestre, y junto al río, muchas de estas creaciones se superponen unas encima de otras. Pero de entre toda esa maraña de dibujos, hay uno que fue respetado y no se osó pintar nada sobre él. Se trata de un pez y unas rayas que evocan las ondas del agua. Más que una pintura, debía ser un acto divino, sagrado, para atraer la buena suerte durante la pesca. Es el mismo simbolismo que se le otorga a muchas escenas de caza: un acto religioso para recibir ayuda divina durante la consecución del mismo.
Esta sala denominada “El Santuario” era la más sagrada de toda la cueva. Sus primeros pobladores creían en la diosa Madre Tierra, y la gruta, como ya hemos dicho, era más sagrada cuanto más profunda era. Este concepto está muy asentado en los estudios sobre la prehistoria. Las cuevas eran una especie de útero en el que volvían a protegerse en el vientre de la madre y donde realizaban sus actos más sagrados. En el Santuario se han encontrado enterramientos con objetos metálicos. Aunque en esa época los pobladores ya habían comenzado a fundir cobre, aún era un material muy preciado que no todo el mundo poseía. El hecho de que solo aparezca metal en los enterramientos de la sala más sagrada hace pensar que el metal solo estaba en manos de las élites y que solo ellos podían enterrarse en el lugar más especial de la caverna.
Huellas chamánicas
Otra realidad que se intuye observando detenidamente las paredes de esta sala es que, posiblemente, el grupo contara con un chamán que llevaba a cabo sus prácticas en este lugar específico. En el Santuario aparecen dibujos muy extraños de rayas, círculos, etc. En un principio, no parecen representar nada en concreto, pero hay dos teorías que, pese a ser polémicas, intentan explicar la existencia de estas pinturas. Una de ellas alude a una primitiva forma de escritura, mientras que la segunda apunta a que pueden mostrar lo que el chamán veía durante sus trances. El guía nos explicó que se ha llegado a esta conclusión debido a que, para entrar en trance, tenían que drogarse. Según algunos estudios que se han realizado sobre la cuestión, al comienzo del trance parece ser que se observan estas rayas y círculos.
Además de aspectos históricos, los visitantes de la Cueva de los Enebralejos pueden descubrir en ella impresionantes estalactitas y estalagmitas.
  • Estalactitas: formación que cuelga del techo de la cueva originada por los pequeñísimos restos de mineral que van dejando las gotas de agua.
  • Estalagmitas: cuando la gota procedente de una estalactita cae al suelo, deposita más mineral, creando una formación vertical cónica.
  • Columnas: unión de una estalactita y de una estalagmita.
  • Macarrón: así se denomina popularmente a una estalactita que está naciendo.
  • Huevo Frito: así se denomina popularmente a una estalagmita que está naciendo.

A pesar de que hay partes de la cueva muy ennegrecidas por el uso de las antorchas, posee una belleza indescriptible. Algunas de las formaciones de la caverna evocan formas reconocibles que fascinan a los más pequeños: un dragón, un murciélago, la cabeza de un caballo… nombres que la imaginación de los visitantes han ido convirtiendo en toda una tradición del lugar. También, se aprecian en la gruta fracturas y desprendimientos. Según nos explicó el guía, la mayoría producidos por el violento terremoto de Lisboa de 1755.

Otras curiosidades que se pueden ver en la gruta son trozos de madera fosilizada. Seguramente fueron utilizados por los pobladores más antiguos de la cueva, al igual que los granos de trigo y la paja que también se ha hallado fosilizada. Se trataba de un pequeño altar, de una ofrenda que debido a la fosilización estará presente, probablemente, durante toda la eternidad.
Desde aquí quiero dar las gracias al guía de la Cueva de los Enebralejos que nos acompañó en la visita. Si necesitáis más información podéis visitar la página web http://www.cuevadelosenebralejos.es/

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