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(conferencia de febrero de 2011)
La fundación sevillana Tres Culturas del Mediterráneo acogió hace unas semanas, bajo el marco de la Cátedra Al-Ándalus, una conferencia de Fernando Wulff, catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Málaga. El tema elegido fue: Grecia, Egipto y La India, la antigüedad conectada.
El profesor Wulff centró su intervención en la demostración de que la cultura es fruto de las interacciones y de los contactos entre una y otras civilizaciones. «Desde el siglo XIX tenemos una sensación rígida de las culturas, y no es real, siempre hemos interaccionado», señaló.
Para poner de manifiesto este contacto cultural entre Occidente y Oriente Wulff acudió a casos concretos. Por ejemplo, el geógrafo e historiador griego Estrabón describe es sus obras el mundo romano y narra cómo desde el Egipto «romano» tras la muerte de Cleopatra «parten 120 barcos hacia la India, aprovechando los monzones». Textos como el de Estrabón demuestran que el mundo antiguo estaba muy interculturalizado, pero tan solo hasta la frontera de China, pues aún no la habían explorado.
El profesor se centró en las tierras bañadas por las aguas del Mar rojo. La ruta a la India por el Mar Rojo conectaba África, Arabia, el Golfo Pérsico y toda la India. Además, estas expediciones no eran casuales, sino muy asiduas y normales. De hecho, el libro de Apicius, una recetario romano, nombra como uno de los ingredientes principales de la cocina romana la pimienta, cuya procedencia es india.
Otra evidencia interesante la encontramos en la Tábula Peutingeriana, una especia de mapa con toda la red de carreteras del Imperio Romano, por así decirlo. En esta carta hayamos reflejado un templo romano dedicado a Augusto en la India, concretamente en el puerto de Muziris, un importante punto de comercio entre Roma y La India.
«Esta conexión entre el mundo mediterráneo y La India comenzó a partir del imperio Persa, que fue hasta donde llegó Alejandro», comentó Fernando Wulff. Y desde entonces, el contacto se produjo de manera continua, encontrando monedas bilingües de reyes como Menandro o textos de los libros más sagrados de los budistas traducidos al griego.
El mundo era hasta tal punto intercultural que los griegos tenían conversaciones budistas, e incluso llegaban a solicitar esclavos filósofos, algo impensable en La India (no podían creer que un filósofo pudiese ser esclavo). Incluso se hacían regalos entre los distintos reinos que podríamos catalogar como «presentes diplomáticos», como la Columna de Heliodoro, situada en Besnagar, centro-oeste de La India.
Ásoka fue un emperador Maurya (de procedencia griega) que se convirtió al budismo e instauró una monarquía basada en dicha religión. Levantó edificios, arte, escritura, etc. con temática budista. Mandó construir columnas por todo su reino, que son conocidas como los edictos de Ásoka, con grabados con consejos morales, religiosos, etc. Además, Ásoka también tradujo el budismo al griego, pues envió regalos a lugares de reinos vecinos, como Alejandría, Atenas, etc.
En lugares mucho más lejanos también se dejó sentir esta influencia india, pues en unos restos arqueológicos del siglo IV, conocidos como Villa Casale, en Italia, encontramos mosaicos con representaciones de La India. También se han encontrado figuras indias en Pompeya.
Los reinos podían asemejarse a las ciudades cosmopolitas actuales, pues había una globalización cultural importante. Apolonio de Tiana, por ejemplo, fue acogido en la India por un rey que hablaba griego, algo que sorprendió gratamente al filósofo. Los viajeros eran bien recibidos, pues significaban contacto, receptividad, negocios… Incluso encontramos textos que nos hablan de jóvenes que estudian en Alejandría y ven como una cosa normal ir de viaje a La India, algo parecido a los programas Erasmus para universitarios en la actualidad.
Esta huella cultural de los viajeros por la India quedó sellada en estas tierras. Así, se pueden encontrar numerosas estatuas de Buda con el estilo y la plástica grecorromana. E incluso grabados como el que mostró Fernando Wulff en su conferencia: Casandra y el caballo de Troya esculpido en piedra. Lo que demuestra que en La India se conocía La Ilíada, de Homero. E incluso se han encontrado estatuas de Buda con Heracles al lado.
Sin embargo, desconocemos todas estas circunstancias porque lo que hoy conocemos como historia oficial se consolidó y estructuró en el siglo XIX y de este modo lo que así decidieron como real y verídico los historiadores de entonces. Y el legado que tenemos hoy como «cierto» viene de ahí. «Sabemos tan pocas cosas porque la historia de la India se la inventaron los ingleses en el siglo XIX», añadió el profesor Wulff.
Para saber más sobre este tipo de interacciones Fernando Wulff ha publicado el siguiente libro: Grecia en La India, El repertorio griego del Mahabharata. Esta obra demuestra, como dijo el propio experto al final de su intervención, que «la historia es el fruto de los encuentros».

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