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La iglesia castellano leonesa viene organizando, desde hace unos años, una exposición camaleónica que con cada nueva edición muta y se recicla para ofrecer lo mejor al visitante: Las Edades del Hombre. Este proyecto nació para mostrar al público todo el patrimonio religioso disperso por la comunidad autónoma. Reuniendo las mejores piezas y contextualizándolas en torno a un mismo discurso, se ha convertido en una de las muestras de mayor calidad en España. La última lleva por título Eucharistia y está centrada en esta ceremonia que, según la tradición cristiana, instituyó Jesús de Nazaret durante la Última Cena. Todas las piezas que componen la exposición están relacionadas con la Eucaristía y abarcan diversos periodos artísticos, desde obras del alto medievo hasta creaciones de arte contemporáneo. De hecho, el cartel de la exposición expone un dibujo de Eduardo Palacios, Fiesta y Sacrificio, confeccionado por el artista en el año 2013.

Cartel Eucharistia, Las Edades del Hombre

 En esta ocasión, la sede de la 19ª edición de Las Edades del Hombre es la ciudad burgalesa de Aranda de Duero, que se ha volcado en la organización del evento. Se trata de un bello escenario para acoger la exposición, pues la ciudad conserva muy bien sus monumentos. Además de conceder al turista la posibilidad de visitar Eucharistia, ofrece también su afamada gastronomía -lechazo y vino de la Ribera del Duero- y los rincones de una urbe importante de nuestro pasado, sede, por ejemplo, del Concilio de Aranda, donde estuvo presente la por entonces princesa Isabel Primera de Castilla, futura Reina Isabel La Católica. En concreto, los edificios que acogen Las Edades del Hombre son, en sí, toda una delicia: las iglesias de Santa María y San Juan. La primera de ellas, construida a caballo entre el siglo XV y el XVI, exhibe una espectacular fachada gótica isabelina obra de Simón de Colonia. En este templo se exponen tres cuartas partes de Eucharistia, que finaliza en la iglesia de San Juan, edificio gótico que fue sede en 1473 del referido Concilio de Aranda y que hoy día funciona como Museo de Arte Sacro de la Ribera.

El Pan de cada día

En la primera parte de la exposición disfrutamos de obras que se adentran en la experiencia eucarística como una acción cotidiana. De hecho, comer pan y beber vino es un gesto habitual sacralizado desde una perspectiva cristiana. Aquí encontramos creaciones con escenas de la vendimia, comidas populares, campesinos que portan una hogaza de pan y pasajes de la tradición católica que se desarrollan en torno a la mesa y a la comida. Por ejemplo, es muy interesante el cuadro Santo Tomás en la India, un óleo del siglo XV realizado por el Maestro de los Balbases que se conserva en la Iglesia de Santo Tomás de Covarrubias (Burgos). Las escenas de los cuadros narran una historia, y lo interesante, como muy bien expone Javier Sierra en El Maestro del Prado, es descubrir esos mensajes que ocultan. En este caso, la leyenda de un milagro que habría realizado Santo Tomás en la India, donde fue martirizado por evangelizar a sus gentes.

Santo Tomás en La India (Fuente: www.museoferias.net)

 

Cuentan que durante el viaje a la India, se detuvo el santo en la corte de un rey que estaba celebrando la boda de su hija. El monarca obligó a todos sus súbditos y a los viajeros que se internasen en sus tierras a acudir a la celebración, y aunque Tomás cumplió, se negó a probar bocado durante el banquete. Por este motivo, recibió el golpe de un criado real. Santo Tomás respondió al gesto diciéndole que la mano que le había golpeado volvería al banquete, pero traída por los perros. La pintura refleja el instante en el que aparece frente a los comensales un perro que deposita en la mesa la mano del criado, cumpliéndose así la profecía. Al parecer, al ir a buscar agua para los invitados, le despedazó un león. Esta escena ha sido y es polémica al mostrar un acto vengativo que, a ojos de la doctrina eclesiástica, es impropio en la figura de un discípulo de Jesús.

Antiguo Testamento o Prehistoria de la Eucaristía

A pesar de que la Eucaristía es un acto que nos narra el Nuevo Testamento, la exposición se remonta a las obras que recogen escenas del Antiguo Testamento donde se intuye el significado que más tarde tendrá esta ceremonia. Hablamos de representaciones artísticas que exponen sacrificios como el de Abel, muerto a manos de su hermano y representado en un óleo del siglo XVIII de la Catedral de Valladolid. O el de Isaac, sacrificio con el que Dios puso a prueba a Abraham mandándole asesinar a su único hijo. Esta historia se recuerda en la muestra a través de una obra de Gil de Siloe del siglo XV de la Cartuja de Santa María de Miraflores en Burgos.

Además de con el sacrificio, la Eucaristía también está relacionada con la comida. Así, aparecen en esta sección cuadros, por ejemplo, con el misterioso Maná bíblico como protagonista. Según el libro del Éxodo, el maná era el alimento enviado por Dios al pueblo de Israel durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. Lo recibían todos los días a excepción de los sábados, y, realmente, es uno de esos puntos oscuros, fascinantes y, personalmente, evocadores, desde el punto de vista de la heterodoxia, del relato bíblico. Del maná no solo se habla en la Biblia, también en otros libros como el Corán, y según cuentan, dentro del Arca de la Alianza se guardó un trocito de este mágico alimento. Eucharistia lo trae a colación a través de un tapiz del siglo XVII del taller de Frans van den Hecke (Bruselas), inspirado en Pedro Pablo Rubens, perteneciente a la iglesia parroquial de San Millán de la Cogolla y procedente de Oncala (Soria); el Maná también es tema central de un lienzo de Luis Mayo elaborado en el año 2013.

Tapiz Maná Bíblico (www.mancomunidadtierrasaltas.es)

La Última Cena o cómo nació la Eucaristía

Este apartado de la exposición es el último que acoge la iglesia de Santa María. Aquí, entramos de lleno en todo lo relativo a la Última Cena, una Última Cena que, según quieren mostrar en Las Edades del Hombre, nace mucho antes, cuando Jesús de Nazaret era solo un niño. Lo intuyen en cuadros como La Sagrada Familia con ángel músico, una obra copiada del Maestro de Francfort en el siglo XVI que se guarda en la catedral de Segovia, donde el niño Jesús tiende su mano hacia la copa de vino que sostiene su padre. Los milagros de las bodas de Caná, con el Rabí de Galilea convirtiendo el agua en vino, o la multiplicación de los panes y los peces, forman parte también de las obras que se observan en este instante de nuestro “viaje” eucarístico.

Como no podía ser de otra forma, el momento culminante de la exposición es la Última Cena, donde, según se ha interpretado a partir de las fuentes cristianas, Cristo habría instituído la Eucaristía dentro de la Iglesia. A partir de la Pascua se crea una ceremonia imprescindible para sus seguidores posteriores. Todos conocemos la escena en la que Jesús parte pan y lo reparte entre sus discípulos diciendo “Tomad, comed. Esto es mi cuerpo, partido por vosotros”. Y hace, al parecer, lo propio con el vino, señalando: “Tomad, bebed todos de Él. Esta es la copa de la nueva alianza en mi sangre”. Y eso es lo que siguen haciendo los cristianos dos milenios después: seguir celebrando una reunión en la que reviven aquel día y vuelven a tomar estos alimentos que representan el cuerpo y la sangre del Salvador. La Santa Cena de Murillo recibe al visitante en Eucharistia con su impresionante juego de luces, acompañada de otros cenáculos como la copia de un original de Tiziano que se conserva en la catedral del Burgo de Osma (Soria), entre otras muchas creaciones antiguas y también contemporáneas como las obras de María Teresa Peña o Víctor Ochoa, que giran en torno a esta cuestión. Junto a estas muestras artísticas, también encontramos otras alusivas a la Eucaristía pero ya como una ceremonia instaurada dentro de la religión cristiana, con creaciones que representan, por ejemplo, al pelícano, símbolo de animal que, como Jesús, alimenta a sus hijos con su propia sangre.

La Última Cena de Murillo (Fuente: archisevilla.org

En esta parte de la exposición encontramos el Sagrado Mantel de la Santa Cena que se conserva en la catedral extremeña de Coria. Quien se ha adentrado en los misterios de esta reliquia, entrevistando a expertos en su figura y dejándose maravillar por el poder que le han otorgado cientos de personas a lo largo de los siglos, siente algo muy especial cuando se encuentra en su presencia. Esta tela blanca, de dimensiones parecidas a las de la Sábana Santa que se conserva en Turín, con un adorno azul de índigo natural en los extremos y de antiquísima factura según los estudiosos, ha sido considerada como la auténtica tela que cubría la mesa sobre la que Jesús celebró la Última Cena. No estamos en posesión de hacer tal afirmación, pero sí de asegurar que desde hace siglos es venerada en tierra extremeña. Hasta tal punto llegó el fervor de los fieles que hasta ella acudían, que hubo de prohibirse su culto ante los tumultos que se formaban a causa de la reliquia, besada y tocada por miles de creyentes a lo largo de la historia. Su origen es incierto, relacionado con los templarios que se asentaron en Extremadura, pero desde el punto de vista de la exposición en la que actualmente se encuentra enmarcada la sagrada tela, la importancia se la da la tradición que se ha creado en torno a la misma.

Sagrado Mantel de Coria (Fuente: diocesiscoriacaceres.es )

Sacramento admirable o cómo entendieron los cristianos la Eucaristía.

Nos trasladamos a esta última parte de la exposición con un breve paseo desde la iglesia de Santa María a la de San Juan, mientras observamos en la calle una exposición de escultura urbana de los artistas Elena Laverón, Víctor Ochoa, José Leal y Pedro Quesada. Una vez en el templo, nos empapamos de más Eucaristía a través de los ojos de nuevos y viejos artistas. Entre los temas destacados de este apartado encontramos la celebración de la misa, el sacrifico de Jesús a través de su muerte y resurrección, la caridad, el servicio a los demás y la presencia de Cristo en la consagración.

Sorolla nos recibe con una Primera Comunión que nos traslada en un viaje en el tiempo hacia el pasado, y distintas versiones de Cristo crucificado, como el Cristo Yacente de la Cofradía Penitencial de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Valladolid, también son dignas de admirción. Lo mismo ocurre con escenas como San Lorenzo distribuyendo limosnas, óleo de Fernando Gallego y Francisco Gallego de finales del siglo XV perteneciente a la iglesia de San Lorenzo el Real en Toro (Zamora), o San Pedro Regalado saliendo de su sepulcro para socorrer a un mendigo, de Placido Constanza en el siglo XVIII que se conserva en la catedral de Valladolid.

Después, encontramos muchas piezas relacionadas con la celebración de la misa y la consagración, como por ejemplo distintas custodias y otros objetos muy curiosos como el bojarte o las lipsanotecas. El singular bojarte, procedente de la Cartuja de Santa María de Miraflores en Burgos, es una tabla de madera en la que se le señala a cada monje el papel que tiene que desempeñar en la misa. Fue uno de los pocos objetos que se consiguieron salvar del incendio que se produjo en 1452 en el citado monasterio. Por su parte, las lipsanotecas son recipientes de madera o de piedra, con tapa, que normalmente se utilizan para guardar reliquias y que suelen estar decorados con distintas escenas. Las lipsanotecas que se pueden contemplar en Las Edades del Hombre proceden del Museo de San Cosme y San Damián de Covarrubias (Burgos) y de la Iglesia Parroquial de San Martín Obispo de Trátales de Cilla (Burgos).

Tras un largo recorrido en el que el viajero conoce los distintos aspectos, influencias y características que rodean a la Eucaristía cristiana, se cierra la muestra con una serie de cuadros muy singulares. Hablamos de La Carabela Eucarística, una curiosa obra que Alejandro de Loarte confeccionó en 1624 que hoy día se conserva en la Iglesia Parroquial de Santa María la Real de Los Yébenes (Toledo). Se trata de una pintura alegórica donde Jesús está representado como un mercader que surca los mares con su “carabela eucarística”, en la que guarda pan para compartirlo con aquellos que flotan en las aguas.

La última obra de la que el visitante puede gozar en la exposición es el Jesucristo de Juan de Juanes del museo de Bellas Artes de Valencia. Porta en una mano la hostia consagrada, y en la otra, el Grial de Valencia.

Cristo Eucarístico (Fuente: reproarte.com)

A pesar de ser una muestra larga e intensa, disfruté mucho con las historias que se ocultan tras las representaciones y con la belleza que irradian muchas de las obras. Lejos del significado religioso de la exposición –aspecto puramente íntimo, personal e intransferible- la calidad artística de Las Edades del Hombre merece, sin lugar a dudas, la pena.

El Misterio del Plano

Para completar mi estancia en Aranda de Duero realicé una visita teatralizada que se viene celebrando en la ciudad desde el inicio de Las Edades del Hombre. Lleva por título El Misterio del Plano y se puede participar en la actividad a través de inscripción previa y gratuita en la Oficina de Turismo del Ayuntamiento.

Plano de Aranda, fotografía Lourdes Gómez

No todo el mundo lo sabe, pero Aranda de Duero cuenta en su haber con el primer plano urbano en perspectiva de España. Se trata del documento cartográfico más antiguo que se conserva en el Archivo General de Simancas, y en él se basaron para la construcción de las ciudades del Nuevo Mundo recién descubierto en aquella época. Fue a raíz de una disputa entre vecinos por lo que nació este plano. Al parecer, y según cuentan en la visita, había junto a la iglesia de Santa María un callejón, el del Pozo, formado por casas que algunos vecinos querían derriban para llegar antes al templo y para no tener que pasar por él, ya que le consideraban un lugar peligroso e insalubre. En el plano, dicho punto aparece señalado con una mancha roja. Los vecinos de Barrionuevo de la ciudad estaban enfrentados por el dichoso callejón, y en 1503 tuvo que intervenir el Consejo de Castilla para tomar una decisión sobre el mismo. Algunos estaban a favor de que se destruyeran las casas, mientras que los inquilinos de las mismas no querían perder su hogar. Ambas partes declararon en el juicio, pero finalmente el Consejo determinó que se derribaran las casas del callejón del Pozo. El plano se realizó con motivo de estudiar la disputa.

Existe, además, una leyenda asociada al plano. Se dice que el pintor que lo confeccionó dejó escritas las siguientes palabras: “En el plano me hallaréis”. Este es el punto de partida de la obra escrita y dirigida por Isabel González Sualdea que se representa en la visita teatralizada. ¿Quieres descubrir dónde se ocultó el artista? no dejes de participar en esta magnífica visita teatralizada, un viaje hacia el pasado y hacia el corazón de la ciudad.

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