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(Conferencia de febrero de 2011).

El sábado se produjo el cierre de la VII Semana del Misterio en el Centro Cultural Don Cecilio (Sevilla). El acto de clausura contó con varias actividades antes de la conferencia que ofrecieron los periodistas Josep Guijarro y Óscar Herradón, cuya intervención versó sobre: enigmas nazis. Por todo ello, hay muchos aspectos que destacar de uno de los días más emocionantes de estas jornadas anuales dedicadas a la divulgación de lo insólito.

Al comienzo de los actos, José Manuel García Bautista, organizador de estas jornadas de misterio, tuvo a bien presentar el libro de Lorenzo Fernández Bueno: 50 lugares en los que pasar miedo (una reedición de su ensayo: La Guía del Terror, Lugares de España en los que pasar  miedo). Por su parte, Lorenzo Fernández prefirió no focalizar toda la atención del acto, otorgándole el protagonismo a su compañero de redacción en la revista Enigmas, Óscar Herradón,  elogiando su nuevo libro: La Orden Negra.

La primera actividad de la noche fue la presentación del libro La hermandad de los iniciados, de José Antonio Delgado. El escritor, licenciado en Ciencias Ambientales y autor de otras obras como El Retorno al Paraíso Perdido. La renovación de una cultura, estuvo acompañado en la presentación por la prologuista de la obra, la psiquiatra y psicoterapeuta Maribel Rodríguez, quien señaló que esta novela trata de responder a preguntas básicas del hombre como «quiénes somos, de dónde venimos o a dónde vamos».

La novela versa sobre una comunidad de monjes herejes y trata de simular «un viaje a nuestro interior para intentar comprender los misterios del pasado». José Antonio Delgado lleva 15 años investigando a Carl Jung y destacó el concepto de «gnosis» como una idea fundamental en su obra, cuyo significado principal vendría a ser «el conocimiento revelado, que se adquiere por fuentes que no dependen solamente de nuestra voluntad». Para conocer más sobre el autor y sus publicaciones podéis acudir a su blog:  www.psicologiaespiritualidad.blogspot.com

Además, durante el acto se homenajeó y recordó a la figura de Andreas Faber Kaiser, el gran ufólogo y escritor germano-español que dirigió la mítica revista Mundo Desconocido y fue autor de obras tan importantes como OVNIs: el archivo de la CIA.

El encargado de pronunciar unas palabras «in memoriam» de Andreas Faber Kaiser fue Josep Guijarro, quien tuvo la suerte de trabajar muy estrechamente con él. «Es todavía hoy un autor de culto», señaló, además de añadir que «sus libros son los más puristas al dato». También, durante el homenaje se recordaron temas como la presencia de agentes del servicio secreto estadounidense, como el capitán Fox, que allá por el año 1974 se encontraban en España con misión de pasar información sobre los acontecimientos ufológicos peninsulares y sus investigadores. Esto ya lo decía Faber Kaiser en su tiempo y pudo ser demostrado con el paso de los años por el propio Guijarro y por el veterano ufólogo Pedro Canto.

«Guardaba sus archivos en cajas de zapatos. Y abrirlas era como abrir una caja de Pandora. Era como abrir un universo mágico», recordaba de manera entrañable Josep. Así mismo, habló de parte de la trayectoria de Faber Kaiser, como dirigir Mundo Desconocido, presentar programas como Qué volen aquesta gent? (en catalán, ¿Qué quiere esta gente?, sobre OVNIs)  o Sintonía Alfa, en Catalunya Radio. Para terminar, Josep quiso relacionar una frase que sin duda define la larga trayectoria de Faber Kaiser: «el trabajo bien hecho, no conoce fronteras».

Para saber más sobre Andreas Faber Kaiser podéis leer sus obras, rescatar del olvido Mundo Desconocido, escuchar los podcasts de sus programas o visitar la página web http://andreas.faber.cat/ .

Tras esta serie de actos programados como cierre de la VII Semana del Misterio en el Centro Cultural Don Cecilio, comenzó la conferencia de Óscar Herradón y Josep Guijarro. Óscar comenzó recordando que aunque el nazismo ocupó tan sólo «13 años de la historia del siglo XX todavía quedan muchos misterios por desvelar» y «aunque sea una época muy siniestra es atractiva de cara a la historia y al misterio». Su intervención se centró sobre todo en las SS, la Orden negra de Heinrich Himmler, quien fue el líder, el Comandante en Jefe, del brazo armado nazi, jefe de la Gestapo y Ministro del Interior del Tercer Reich.

Sin Hitler, Himmler no hubiese llegado a nada, pues cuando comenzaban a despuntar los primeros éxitos del nazismo otros líderes nazis como el propagandista Goebbels eran ya inmensamente conocidos y Himmler «no era nadie», en palabras de Herradón. Por lo tanto, «pasó de puntillas por los inicios del nazismo», pero la semilla del odio ya estaba sembrada en él, ya que se «sentía traicionado por su país, por episodios como la República de Weimar o su rechazo a la comunidad judía».

No podemos entender la personalidad y los actos de Himmler sin acudir a «ese entramado místico, político y social del nazismo» comenta Óscar. Y es que su obsesión con su superioridad natural por el hecho de pertenecer a la raza aria (un pasado ancestral que ellos mismo se inventaron. Para los nazis todos los héroes del pasado era arios: romanos, vikingos, etc. La realidad es que el concepto «ario» lo tomaron del hinduismo) les llevó a toda clase de rituales y búsquedas.

Un dato poco conocido y bastante curioso fue lanzado por el conferenciante ante la mirada incrédula y más tarde asombrada del público congregado en Don Cecilio: Los trajes de las SS fueron diseñados por ¡Hugo Boss!

Cualquiera no podía pertenecer a este ejército negro y macabro de Himmler. Tenían que tener comprobado su linaje, su origen ario, hasta 1750 como mínimo. Estas obsesiones del jefe de las SS, así como su interés en todo lo ocultista y esotérico, vienen en parte de «serie». Es decir, que su padre también estaba obsesionado con esos aspectos «mitológicos», comentó Óscar Herradón.

Por nombrar una de sus muchas excentricidades, se habló de los anillos de honor,  «anillos de la muerte» mejor dicho, que Himmler entregaba a aquellos a los que consideraba héroes o a los más valientes soldados dentro de su ejército. Estos anillos iban firmados, grabados, con su propio nombre.

Podríamos decir que tanto Hitler, como Himmler y por influencia directa sus úsares de la muerte, estaban bajo el influjo de un personaje que alimentaba día tras día los delirios ocultistas del régimer nazi. Ese personaje no era otro que Karl Maria Wiligut, «el rasputín del nazismo», así lo denominó Óscar Herradón. Wiligut, uno de los individuos más influyentes del régimen, había estado en tratamiento psiquiátrico por temas tan serios como violaciones. Este personaje seguro que apoyaba los rituales paganos de Himmler, sus antorchas del fuego eterno y las quemas de libros contrarios al régimen. «Empezaron quemando libros en 1933 y acabaron quemando personas» se lamentaba Óscar en su ponencia.

Durante la conferencia, mi amiga Mafalda, una gran periodista a la que le apasiona la historia de la realeza, me contó cómo el Príncipe Eduardo de Inglaterra, Duque de Windsord (después)  y aspirante al trono que renunció a la corona por amor a una norteamericana, supuso un grave peligro para los aliados. Si él hubiese sido Rey  de Inglaterra, esta habría sido una nueva patria para el nazismo, pues Eduardo era afín al movimiento. Si a vosotros también os gustan las historias «reales» os recomiendo el magnífico blog de Mafalda: En el País de Los Royals .

El Castillo de Wewelsburg, situado en el territorio alemán conocido como Westfalia, fue elegido por Himmler y sus SS como lugar de culto donde llevar a cabo todo su obsesivo ceremonial. Hoy, la fortaleza se ha convertido en el primer museo de las SS de la historia. «Posee forma triangular. A Himmler le recordaba su tan perseguida lanza del destino», apuntó Herradón. Dicho enclave era utilizado por las SS para realizar sus rituales secretos, que a día de hoy no se conocen con certeza, «pero se insinúa que incluso se hacían sacrificios humanos». Según Himmler, lo que hacían en el Castillo de Wewelsburg era «entrar en comunión con sus ancestros arios».

Uno de los muchos enigmas que rodean este escenario es el incendio que se produjo en el mismo y la desaparición de una caja fuerte que supuestamente habrían interceptado los americanos durante la caída del régimen nazi ¿Que contendría entre sus cuatro paredes? Lo que sí es cierto es que aquel castillo fue el lugar elegido por Himmler para albergar las cenizas de sus máximos generales caídos en combate y también, con el paso del tiempo, quería que Wewelsburg fuera la eterna morada del cuerpo de su ídolo: Adolf Hitler.

Seguro que cuando Himmler soñaba con proteger el cuerpo de su líder tras su muerte no imaginó jamás que tanto su Führer como él tendrían un final idéntico: la ingesta de una cápsula de cianuro para suicidarse (además de un disparo, en el caso de Hitler).

El líder de las SS, a pesar de ver cómo se desmoronaba su imperio a causa de los avatares de la II Guerra Mundial, luchó hasta el último momento por preservar su vida, negociándola a cambio de la de prisioneros de guerra. Pero no le sirvió de nada. El cianuro apagó la vida de un hombre cuyo destino fue ser parte clave de una de las épocas más terribles y funestas de la historia. Actualmente este episodio ha vuelto a ser noticia por la aparición de una foto inédita de Himmler momentos después del suicidio.

Óscar Herradón finalizó su intervención hablando de la figura de Gudrun Himmler, la hija del jefe de las SS. Ella fundó la asociación Ayuda en Silencio, dedicada a intentar el reconocimiento de los guardias negros de su padre como «héroes» de guerra y de la financiación de las huídas de los mismos tras la II Guerra Mundial, así como del rescate de los presioneros nazis.

A continuación le tocó el turno de palabra a Josep Guijarro, quien aseguró que «no tenía mucha idea sobre cuestiones profundas del Tercer Reich»,  «pero de lo que sí puedo hablar es de mis experiencias». Por este motivo, decidió compartir con nosotros los dos lugares, de los muchos que ha recorrido en sus viajes, que más le han marcado y que han supuesto un antes y un después en cuanto a su forma de ver el mundo: El Museo del Holocausto en Jerusalén y el campo de concentración de Auschwitz.

«Los judíos son muy buenos con los símbolos y con la escenografía», señaló Josep. Al parecer, cuando entras en el museo adviertes que tiene una estructura extraña, y la realidad es que tiene forma de «hacha», metáfora magistral para describir el duro golpe que el  nazismo descargó contra el pueblo semita.

La visita gira en torno a varios niveles. En un primer nivel vas andando «por la historia» y escuchando testimonios reales de personas que sufrieron el horror del holocausto. En el museo todo discurre de tal forma que recorres un camino que parte de los desprecios y las humillaciones y que avanza hasta ir «metiéndose bajo tierra», viviendo «alegóricamente» lo que vivieron los judíos durante el nazimo. Más tarde, vas subiendo y «el hacha se abre y lo que ves es: Jerusalén», confiesa emocionado Josep Guijarro.

A continuación intentó que hiciéramos un viaje en el tiempo hasta la fría mañana del mes de diembre en la que pisó el Campo de Concentración de Auschwitz. «Al principio piensas que te han timado. Llegas y ves unos pabellones de presos que parecen un hotel de 5 estrellas». Josep pronto descubrió que aquello no era un timo. «Eso pabellones eran las cárceles para los prisioneros políticos, no para los judíos. Los judíos no eran considerados personas. Se les daba un trato infrahumano. Como a los animales. Y como tal se les trataba» recordó amargamente Guijarro.

Las duras palabras de Josep no podían dejar indiferente a nadie. Nos contó que los judíos no dormían en camas. No tenían derecho ni a eso. Dormían como los animales, encima de paja. Todos se peleaban por limpiar el baño, si se le puede llamar así a los espacios en los que hacían sus necesidades (no tenían servicio).»Se peleaban por limpiar aquel lugar porque era el único que tenía calefacción: el calor que desprendían las heces humanas».

A día de hoy muchos siguen poniendo en duda el holocausto nazi. Cuando las tropas rusas llegaron a liberar el campo de concentración, las cámaras de gas habían sido destruídas, «pero existen millones de testimonios» que confirman la existencia de la triste «solución final».

Josep nos recordó cómo el pasillo que separaba los pabellones 9 y 11 era conocido como «el callejón de la muerte». Allí las ventanas estaban tapiadas porque aquello era un muro de ejecución. En la pared se pueden ver miles de papelitos con deseos y esperanzas, incluso hay «algún deseo con bandera española. Es una rosa dorada, con un lacito y una bandera española», en palabras de nuestro conferenciante. Recuerda especialmente la charla en Auschwitz con un hombre de profundos ojos azules, que le contó que había sido prisionero allí, junto a sus padres, y todavía conservaba su número tatuado en el brazo. Habían sido detenidos en la frontera con Polonia. Su padre murió escapando y su madre en la cámara de gas.

Otro tema muy interesante que se trató en la conferencia fue el del tesoro que los nazis fueron a buscar al Monasterio de Monserrat (Cataluña). Hitler y su movimiento creían en la leyenda que dice que el Santo Grial se encuentra oculto en algún lugar de Montserrat. Por lo tanto, viajaron hasta el enclave catalán en busca de la reliquia, y no hayando nada, como así se lo comunicó el entonces abad del monasterio, casi se produce un accidente diplomático a raíz de la obcecación de los alemanes. (Os recomiendo la novela El Cuarto Reino, de Francesc Miralles, cuya trama se centra en la presencia de los nazis en Montserrat).

El ponente también nos contó la legendaria  historia de un catalán que en 1520 marchó con el conquistador Hernán Cortés a México. Allí, se casa con una de las hijas de Moctezuma, y  por avatares del destino, supuestamente se trae a España, a Cataluña, parte del tesoro de los mexicas.¿Y qué tiene que ver esto con los nazis? Pues que en 1938 dos nazis alquilaron uan casita en el pirineo catalán buscando el tesoro perdido de Moctezuma.

Josep quiso terminar su intervención hablando de otra reliquia perseguida con ansia por el nazismo: la Lanza del Destino (objeto con el que supuestamente Longinos atravesó el costado de Jesús de Nazaret). Preciado objeto que él pudo tener frente a frente en un viaje a Viena. Se cuenta que todo aquel que ha poseído la lanza ha sido poderoso, como Napoleón o Carlomagno, por ejemplo. Dicen que Hitler la quería para si y existe una leyenda que cuenta que «en el momento el que las tropas alemanas recuperaron la reliquia fue el mismo en el que Hitler recibió el disparo», asegura nuestro conferenciante.

«Esta atrocidad tiene su raíz en el pensamiento. Los ideólogos del Tercer Reich pretendían instaurar un nuevo orden mundial. Y estas mismas palabras, «nuevo orden mundial», las he escuchado en boca de líderes de la Unión Europea, o de George Bush. Como si pareciera que alguien tiene un plan hacia el que la humanidad tenga irremediablemente que ir. Y si no hemos logrado aprender nada de lo que pasó volveremos a tropezar en la misma piedra» concluye Josep Guijarro.

 

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