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Contemplar la vida como un ciclo fue la primera noción de tiempo que desarrolló el ser humano. Nuestros antepasados veían el tiempo como una sucesión de estaciones, de momentos que se iban, que venían, que se repetían cíclicamente como el paso del Sol, la salida de las estrellas, la llegada del frío o el ocaso del verano. La vida era para ellos, en definitiva, cambio, continuación, movimiento. Esta es, quizá, la clave para entender el trabajo de Marc Azéma.

Este doctor en Prehistoria y cineasta francés sostiene que los orígenes del séptimo arte se encuentran en la pintura rupestre. Azéma ha podido constatar la existencia de creaciones paleolíticas donde se aprecia movimiento en la imagen, narración en las distintas pinturas de algunas cuevas que, según su investigación, no serían dibujos aislados sino partes de una misma secuencia.

Entre las técnicas que estos artistas prehistóricos habrían podido usar para recrear el movimiento y dar sentido a sus historias se encuentra el pintar a un mismo animal con varias cabezas y con más patas de las que tenían. Cada cabeza y cada grupo de extremidades indicarían una posición distinta del animal. Igualmente, podrían haber difuminado intencionadamente algunos trazos para otorgar movimiento a sus creaciones, sensación que también se conseguía, al parecer, jugando con el fuego e iluminando las obras desde distintas perspectivas teniendo en cuenta las figuras formadas por las sombras.

Lejos de tratarse de un arte estático, Marc Azéma ve saltos, carreras y escenas de caza. Acción, en definitiva, en el arte rupestre. En la gruta Chauvet, al sur de Francia, el investigador ha observado un bisonte de ocho patas, correspondientes a dos posiciones distintas del animal. «La imagen que muestra la descomposición del movimiento de un animal en varias fases tiene más de 40.000 años» en palabras de Azéma, quien aprecia en estas escenas la fascinación que el hombre prehistórico tenía por el movimiento. Analizando miles de imágenes, el experto ha podido constatar, según afirma, que esta descomposición del movimiento se aprecia en muchos yacimientos y en todos los periodos de la prehistoria.

Aunque Marc Azéma haya sido el primero en estudiar científicamente estos asombrosos detalles del arte rupestre, a comienzos del siglo XX Will Day, pionero del coleccionismo de cine, estableció un vínculo entre las películas y el arte prehistórico. Escribió un manuscrito titulado «25.000 años para atrapar una sombra» donde hablaba de ello. Day había visto una imagen de un jabalí de ocho patas perteneciente a la cueva de Altamira y estaba convencido de que se trataba de la primera representación de un animal en movimiento.

Captura documental "Cuando el homo sapiens hacía cine" emitido en Documenta2 de la 2 de RTVE

Captura documental «Cuando el homo sapiens hacía cine» emitido en Documenta2 de la 2 de RTVE

Las cuevas no son los únicos lugares en los que se constata el fenómeno, pues Marc Azéma también ha localizado objetos prehistóricos donde se aprecian estas sucesiones de momentos. Se desconoce si tenían una función ritual o eran, en realidad, un método de enseñanza para la caza.

A través de la investigación y teniendo en cuenta, además, la opinión y el trabajo de expertos en disciplinas como la etología, Azéma ha confirmado conocimientos que se intuían pero que no habían sido demostrados. Un ejemplo es el pelaje de los leones macho. Se creía que estos animales no tenían en el Paleolítico la característica melena de hoy, pero hasta que el especialista Craig Packer no observó unas imágenes de leones en movimiento por sugerencia de Jean Clottes, primer director científico de la cueva Chauvet, no se pudo confirmar este extremo.

Pinturas como las de Chauvet, Altamira o la cueva del Castillo, en Cantabria, a la luz de estos nuevos estudios, otorgan vida al pasado. Desde esta nueva perspectiva es posible acercarse a la lectura que aquellos artistas hacían de estas escenas, no solo contemplando retazos de su vida cotidiana, sino viviendo, animadamente, la caza de un bisonte, el salto de una cabra o la carrera de un león. Realidad y simbolismo se entrelazan en estas representaciones que más allá de tratarse, posiblemente, de los antecedentes más remotos del cine son la prueba palpable de que ignoramos los orígenes de las habilidades que nos convirtieron en seres humanos.

Hasta el 26 de julio la web de RTVE permite visionar el documental «Cuando el homo sapiens hacía cine», de Marc Azéma. Este es el enlace al vídeo del programa Documenta2, espacio en el que se ha emitido el trabajo:

http://rtve.es/v/3666829

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