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Es relativamente fácil escribir ensayos sobre tus vivencias e investigaciones. Alguien con buena pluma, que sienta lo que hace y lleve a las espaldas una mochila cargada de experiencias, puede relatarle a sus lectores las conclusiones de toda una vida dedicada a perseguir lo desconocido. Pero escribir una novela es harina de otro costal. Es tarea asumible por pocos.
Iker Jiménez se enfrenta en Camposanto a una historia cargada de heterodoxia y misterio hasta límites insospechados. A quien es amante de estos saberes, la mezcla de enigmas históricos, obras de arte malditas, fenómenos paranormales, sectas y superstición, puede resultarle tan atractiva como enriquecedora.

CAMPOSANTO (Iker Jiménez) Fuente mdarena.blogspot.com

El periodista que firma las letras que componen la novela, refleja en Camposanto aspectos arraigados en su vida: el inconfundible amor por la radio, la admiración y el respeto incondicional hacia «genios y figuras»  que le han enseñado a ser quien es, la atracción que siente hacia personajes históricos cuyos claroscuros hacen de su recuerdo una leyenda y la inevitable huella del miedo y el temor a lo inexplicable o inexplicado.

Narrada en dos tiempos, en la obra se confunden las historias de dos personas cuyos destinos se encuentran unidos a pesar de la distancia temporal: la del periodista Aníbal Navarro y la del misterioso y gran pintor Hieronymus Van Aken (más conocido como El Bosco). Son muchos los misterios de este pintor que supo reflejar como nadie los miedos más profundos del hombre y los anhelos a preguntas sobre el otro lado. Nadie ha podido igualar las descripciones subjetivas acerca del infierno, el horror, la tortura y el miedo a la muerte.

Tan atrayentes y sádicas son sus pinturas que hay quien se niega a afirmar que sean solo fruto de su imaginación. Con él podríamos utilizar un baremo que a menudo se utiliza en el estudio de pinturas rupestres en las que se reflejan monstruos o escenas tan inusitadas que algunos valientes solo aciertan a decir que: «estos  hombres sólo pintaban lo que veían. Y según esto, qué cosas vieron estos hombres…», «Qué cosas vio Hieronymus…».

En la novela se trata de dar respuesta a los motivos que llevaron a El Bosco a realizar esas pinturas con el alma tiznada de negros presagios, aunque lo que no es novela y sí realidad, son los silencios (como en la vida de tantos otros) ¿deliberados? en algunos períodos de su vida, su relación con la Herejía Adamita (que defendía el nudismo como forma de retorno a la inocencia perdida tras la expulsión del Edén), tan arraigada, según los expertos, que algunas de sus creaciones más famosas como El Jardín de las Delicias fueron encargos de Jacobo de Almaigen, Gran Maestre de esta secta. 

Todos estos detalles son descritos en Camposanto tal y como el autor conjetura que hubieron de tener lugar. No sólo se narran en primera persona, pues la madeja la va deshilando un tipo normal y corriente, sin aspiraciones de glorias y títulos y con el único deseo de vivir la radio en nocturnidad, investigar, escribir y mezclarse indisolublemente con el misterio. Hablo del autor y de Aníbal Navarro, su análogo en la novela. Este periodista se obsesiona con la muerte en extrañas circunstancias y la caída en el olvido de la figura de un profesional de las ondas que le contagió ese amor por lo insólito y la heterodoxia. Y a partir de ahí se van desarrollando los acontecimientos.

La dualidad entre herejía e Iglesia católica siempre ha estado unida por un vocablo teñido de lágrimas y sangre: persecución. Y la persecución tuvo nombre propio en España gracias a los Reyes Católicos: El Tribunal del Santo Oficio o La Santa Inquisición. Esta sección de la Iglesia, por todos sabido, se dedicaba a perseguir las desviaciones en el seno de su religión (y fuera de ella). Esto no fue una excepción en los tiempos del rey Felipe II, un gran cristiano, que asistió impasible a la condena de numerosos acusados de herejes. El libro de Iker Jiménez refleja magistralmente estos oscuros episodios en la vida del monarca, sobre todo en relación a la secta de Los Hermanos del Libre Espíritu, muchos de los cuales fueron quemados en vida ante la presencia del hijo y sucesor de Carlos V en Toledo.

A pesar de esta defensa obstinada y obsesiva de los dictámenes y prácticas cristianas, Felipe II fue un rey muy relacionado con el ocultismo, el esoterismo y la heterodoxia. A él se debe la construcción de uno de los lugares más esotéricos de nuestra piel de toro: El Monasterio de El Escorial, un lugar que se presume construido como sello de una puerta hacia el mal…donde se conservan infinidad de tratados ocultistas archivados por un personaje histórico a la altura de estos saberes velados: Benito Arias Montano. Felipe II reunió en torno a su misteriosa morada a toda una suerte de esoteristas, alquimistas y lacayos que se valieron de todas sus artes y dinero para reunir en la habitación del monarca los objetos del deseo real…entro los que podemos destacar los cuadros de Hieronymus Van Aken. Curiosa y extraña mezcla.

Todo lo que os cuento del libro es porque me ha encantado. Pero si tengo que destacar algún aspecto especialmente, sería la forma tan espectacular y auténtica de describir e insertar pánico y terror en el lector. No recuerdo ningún relato leído que me haya hecho sentir y entender tanto el  miedo como algunos pasajes de Camposanto, como la visión de la pantalla al otro lado de la puerta, el perro negro que perseguía a Felipe II, la imposibilidad de ver o decir nada estando moribundo en la cama de un hospital, el niño o la vieja que persiguen a Aníbal Navarro o el grito que resuena en mi cabeza y que dice con claridad: ¡Purgatorio!.

Jamás había leído una descripción y un relato tan acertado del terror, del miedo. Iker Jiménez es un maestro a la hora de conseguir y destacar esos pequeños detalles insustituibles en la narración y que hacen grande al conjunto del texto. Cada escena, cada época, cada personaje, cada situación medida hasta el último milímetro para que no dejes de conocer lo que la imaginación y los ojos risueños de este periodista de lo desconocido vieron al montar el grueso de esta magnífica historia.

Una historia que en realidad lleva repitiéndose desde los inicios de la humanidad: luz frente a tinieblas. Libertad de culto frente a religión única. Respeto por los demás frente a imposición de doctrina. Inmovilismo frente a búsqueda de sabiduría…En realidad todo es una dualidad. Una moneda con sus dos caras. El espejo que refleja y la visión reflejada. Un buen tema para reflexionar.

Para terminar afirmo que: con este libro Iker Jiménez se convierte en uno de los mejores escritores españoles en relatar y describir el misterio. Si tuviésemos el carácter y la visión propia de los estadounidenses ya habríamos hecho una película y alguna serie sobre el libro y las andanzas de Aníbal Navarro. Y nadie sabe cómo hubiera disfrutado viéndolas.

Tanto como con la lectura de un libro de los que dejan huella.

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