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La Arqueoastranomía -el estudio de yacimientos arqueológicos teniendo en cuenta la astronomía conocida por las antiguas culturas que los levantaban- fue el telón de fondo de la actividad en la que tuve la suerte de participar en mayo de 2013 en El Pozuelo (Huelva).
Diego Vázquez, fundador y propietario de PLATALEA, empresa onubense dedicada a la educación ambiental y a la interpretación del patrimonio, fue el encargado de guiarnos por el espectacular conjunto de dólmenes de El Pozuelo, del que no solo disfrutamos a plena luz del día. Y es que la actividad se extendió hasta media noche, cuando pudimos contemplar las titilantes estrellas desde los monumentos megalíticos que hace miles de años levantaran nuestros antepasados.
La visita comenzó con un recorrido por los dólmenes de esta zona de la provincia de Huelva. En la primera parada Diego Vázquez nos introdujo con palabras sencillas en el mundo de las construcciones megalíticas.
La palabra dolmen deriva del bretón y significa «mesa de piedra». Este nombre viene otorgado por la forma que ofrece la estructura del monumento, que, efectivamente, parece una mesa. Las piedras verticales, que serían las patas de esa especie de mesa, reciben el nombre de ortostatos, mientras que la horizontal que se sostiene en alto por dichos ortostatos recibe el nombre de losa de cubierta. «Estos dólmenes son de hace 3.000 años y el 90% de los que encontramos aquí están orientados hacia el este», señalaba el gerente de Platalea.
Ortostatos orientados hacia el Este, Fotografía Lourdes Gómez
En la visita al Pozuelo aprendimos que la afirmación de que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste no es del todo cierta. Realmente esto solo ocurre dos veces al año: durante los equinoccios. El día de la entrada de la primavera y del otoño se da este fenómeno, pero, ¿Y el resto del año?
Nuestro guía nos explicó que con la entrada de la primavera el día 21 de marzo, el Sol sale justo por el Este y se oculta por el Oeste. Pero a partir del 21 de marzo el Sol cada vez se va más hacia el Norte, por lo que va a ir saliendo hacia el noroeste hasta alcanzar su máximo desplazamiento hacia el norte, que se produce el día 21 de junio, jornada que posee la noche más corta del año y el día más largo. Desde este día, el Sol vuelve a retroceder y llega otra vez a salir exactamente por el Este el 22 de septiembre. A partir de esta jornada en que comienza el otoño, empieza a desplazarse hacia el Sur hasta que alcanza su máximo desplazamiento el 21 de diciembre, que es la noche más larga del año y el día más corto.
La palabra solsticio significa “sol quieto”. Y es que durante unos días antes y después del solsticio, el sol parece que está quieto y no se mueve, aunque ya después vuelve a modificar sus salidas y sus puestas. “En esa estructura, en ese arco que va desde el solsticio de verano al solsticio de invierno, están orientados casi todos los dólmenes. La mayoría están perfectamente alineados con el equinoccio”, explicaba el gerente de Platalea.
Existen distintos tipos de dólmenes. Los hay de galería, donde no hay una diferenciación clara entre la entrada, el pasillo y la cámara funeraria, y también de corredor y galería. Estos últimos tienen un pequeño atrio a la entrada al que le sucede un corredor, y este se divide al final en varias cámaras funerarias.
Corredor de uno de los dólmenes, fotografía Lourdes Gómez
La principal causa de construcción de estos monumentos megalíticos era enterrar a los muertos. Mientras los antiguos pobladores de Huelva levantaban sus dólmenes,“en otra parte del mundo otra civilización estaba también construyendo otras estructuras para enterrar al faraón. Las pirámides de Giza son aproximadamente de hace 3000 años, 400 años antes de que nuestros antepasados construyeran los dólmenes. Y si estos dólmenes están orientados hacia el este, las caras de la pirámide están orientadas a los cuatro puntos cardinales con un error mínimo”, aseguraba Diego Vázquez.
Personalmente, opino que es común en todas las antiguas civilizaciones y pueblos el culto a los muertos como una incipiente religión (Muy recomendable el magnífico documental El Salto Infinito de Iker Jiménez) y el conocimiento del cielo como parte importante de ese culto. Aunque lo que se desarrolló en Egipto y otras partes de Sudamérica creo que puede ser algo anterior a estas fechas o en ese mismo periodo pero con la reminiscencia de civilizaciones anteriores. Recomiendo las obras de Graham Hancock y Robert Bauval y La Ruta Prohibida de Javier Sierra.
Nuestro guía nos empujó a meditar hacia una cuestión muy interesante: probablemente seamos los únicos seres del planeta que se hagan las eternas preguntas trascendentales. Y si esto es así, también seguramente seremos los únicos que rindamos culto a nuestros muertos. Diego Vázquez indicó que  “aparentemente los demás seres vivos no lo hacen, y digo aparentemente porque en esta vida he aprendido que no se puede generalizar. Por ejemplo los elefantes hacen una especie de ritual cuando alguno muere. Pero la existencia de los dioses y las eternas preguntas solo nos las planteamos nosotros, y esto tiene mucho que ver con esas religiones que comenzaban a surgir entre nuestros antepasados”.
La entrada del dolmen hacia el Este es algo simbólico que entronca con la idea de que después del ocaso de la tarde el sol renace al día siguiente de sus propias cenizas. Un rayo de esperanza que ilumina e inunda los corredores del dolmen con su luz, llenándolo de nuevo de vida.
Interior de un dolmen, Fotografía Lourdes Gómez
La construcción del dolmen corría a cargo de todo el clan familiar, aunque no todos se enterraban en el mismo, solo algunos, lo que nos indica que ya existían jerarquías sociales en la época. Durante el recorrido, pudimos observar la evolución que se dio en la forma de construir. De esas primeras manifestaciones dolménicas que solo constaban de ortostatos pasamos a ver dólmenes que ya poseían losas de cubierta, y al final, los túmulos más elaborados y bajo tierra.
Lo primero que hacían era clavar los ortostatos en la tierra, en zanjas de cimentación y después rellenaban y aseguraban con piedra, madera, tierra, etc. “Una vez tenían hecha la estructura de los ortostatos creaban varios anillos con piedras alrededor de los mismos y los iban llenando de tierra hasta que llegaban a la parte de arriba de los ortostatos”, comentaba el guía de Platalea. Después de este relleno, podían arrastrar con mayor facilidad las losas para colocarlas sobre los ortostatos. Cuando estaban colocadas las losas horizontalmente y el dolmen se encontraba completamente cerrado lo cubrían de arena para que estuviera bajo tierra. En el exterior colocaban piedras que fueran vistosas, como el cuarzo, para que brillaran cuando el Sol se reflejara en las mismas.
Las rocas usadas para la construcción de la estructura suelen ser del entorno, aunque cuando hay escasez de las mismas, está comprobado que podían llegar a traer material desde hasta 50 kilómetros de distancia. “Imaginad lo que supone arrastrar algo tan pesado desde esa distancia, así que eso es lo que nos deja claro que en la construcción participaba toda la comunidad”, aseguró nuestro guía.
Además de servir para rendir culto a los muertos, los dólmenes también tenían funciones rituales. En la entrada de los mismos se realizaban ceremonias, y además servían como monumento para marcar el territorio de una determinada tribu. Diego Vázquez nos comentó que con la construcción del mismo, “una familia dejaba claro que ahí estaba su territorio. Se trataba de marcar la propiedad de la tierra a través de la ubicación de los dólmenes. Y además se construían en sitios elevados para que se pudieran ver desde todo el entorno”.
El segundo dolmen que pudimos visitar en El Pozuelo tenía forma de cruz en su interior, lo que tanto recuerda a nuestros actuales templos cristianos, tanto por la distribución como por la orientación astronómica.
En cuanto a las personas fallecidas que eran enterradas en estas construcciones, se les colocaba en posición fetal. Además, se han encontrado pequeñas hendiduras y círculos, conocidos como “cazoletas”, esculpidos en los propios dólmenes. “Muchos de ellos parecen representar constelaciones. Aunque también se piensa que como se enterraba al muerto prácticamente pegado a los ortostatos, podrían ser símbolos que representaran al fallecido, ya que todavía no había un desarrollo de la escritura”, en palabras del gerente de Platalea.
Colina bajo la que se oculta uno de los Dólmenes del Pozuelo, Fotografía Lourdes Gómez
Es curioso, como nos indicó el propio Diego Vázquez, que sepamos tanto de las casas que construían para sus muertos y apenas de las construcciones que ellos usaban para vivir. Normalmente eran cabañas de materiales vegetales y perecederos, así que salvo algunos suelos de esas viviendas donde incluso hay enterramientos, la mayoría no se ha conservado.
Cuando el Sol se escondió y llegó la noche, comenzó la parte más mágica del recorrido: la lección de astronomía desde el mismo lugar en el que nuestros antepasados contemplaban las estrellas cada madrugada. Era la forma más real de sentirse cerca de nuestros ancestros. Y yo comencé ese viaje hacia el pasado visitando en completa penumbra una de sus construcciones. Pero esa es otra historia… que compartiré en futuras ocasiones.

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