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(conferencia de febrero de 2011)

Lorenzo Fernández y Juanjo Revenga necesitan la aventura y el misterio para sobrevivir. Y por lo que nos contaron durante su conferencia en la VII Semana del Misterio del Centro Cultural Don Cecilio (Sevilla), saben enfrentarse con valentía a la auténtica  madre selva, que es tan cruel y despiadada o más que nuestra particular jungla de asfalto.

La conferencia versó sobre la última expedición de estos dos aventureros con motivo del rodaje de un documental para TVE: un viaje por lugares tan inhóspitos como el Amazonas, el lago Titicaca o la Antártida. Ambos coincidieron en comentar que los sitios en los que han estado son «increíbles». Lugares en los que «se funden la leyenda y la magia. Una mezcla sincrética», en palabras de Lorenzo.

Uno de los primeros lugares de los que hablaron fue el Barrio de Belén, en la ciudad peruana de Iquitos. Se trata de la zona más pobre de América. A pesar de que viven en las peores condiciones, sonríen. «Es un mundo duro y difícil, pero feliz», recordó Juanjo. Todavía recuerdan el olor a humanidad de aquel lugar y la falta de higiene, porque nunca les han enseñado lo que significa ese vocablo.

Allí es habitual el contrabando de todo tipo de comida o artículos. Por ejemplo, al principio hablaron del tráfico con los Guacamayos y también de un tipo de pescado, el paiche, un pez que pesa 90 kilos y cuyo comercio está prohibido. Aunque lo que también se vende son armas, droga, etc. «Entramos con la policía, porque si no salimos hasta sin los calzoncillos», comentó Lorenzo. Es imposible transitar sin protección por las calles de un lugar tan pobre y difícil.

El Barrio de Belén es conocido como la Venecia amazónica, porque con las crecidas del río se inunda. Nuestros aventureros han podido comprobar durante su viaje que cada vez llueve menos en el Amazonas. «Nos pensamos que el mundo va a cambiar. No. El mundo ha cambiado ya. El cambio climático es una realidad», señaló Juanjo.

Para terminar de conocer su paso por este enclave de Iquitos, nos hablaron del «Pasaje Paquito». Allí se pueden encontrar remedios naturales para toda clase de males: «Rompecalzones, 7 veces sin sacarla»… son  nombres de algunos de los remedios.

Durante el viaje han navegado el Amazonas y se han empapado de todas las leyendas que le rodean, «que allí son realidades», comentan. Como señala Lorenzo, allí «el Supay, es el diablo», y el diablo tiene un terreno que pocos quieren traspasar. Además de estos miedos legendarios, durante el recorrido tuvieron que enfrentarse a peligrosos animales como las anacondas o las pirañas.

Flora y fauna reinan en el llamado «pulmón del planeta» junto a tribus de seres humanos como los Boras, un pueblo que sigue manteniendo costumbres ancestrales «y siguen creyendo en lo que creían hace 200 años», en palabras de los ponentes. Lorenzo compartió con nosotros la sorpresa que se llevó cuando Juanjo saludó a uno de los Boras diciéndole: ¡Hombre, Rafael! Con esto llegamos a la conclusión de que el recibir a turistas y expedicionarios con sus ropas y ritos anclados en el tiempo no deja de ser una forma de sobrevivir y de ganarse la vida.

Una de las partes más interesantes de la conferencia fue la relativa al lago Titicaca: un gigante de agua salada situado en los Andes, entre Perú y Bolivia y a unos 4.000 metros de altura sobre el nivel de mar. Es un lugar profundamente misterioso. Juanjo comentó que Jacques Cousteau había estado en 1968 en el lago buscando ciudades sumergidas. Para su misión poseía un presupuesto infinito. Sin embargo al finalizar comentó que «ahí no había nada» mas que lodo. Seis o siete años después de este episodio unas investigaciones pusieron de manifiesto que había ruinas bajo las aguas del Titicaca. Entonces todos giraron la vista hacia Cousteau y este dijo: «es muy posible que bajo aquel lodo hubiese ruinas de una ciudad». En ese momento Juanjo formuló en alto la pregunta que todos teníamos en la cabeza: «¿Qué fue lo que vio Cousteau?»

En el terreno en el que se sitúa este lago de agua salada se desarrolló la Cultura precolombina Tiahuanaco. Los tiahuanacos creen que su gran dios Viracocha permitió que la zona del Titicaca fuera habitada por humanos y por gigantes, pero más tarde los humanos cometieron algún error y Viracocha mandó un diluvio que lo arrasó todo. Como dice Lorenzo: «¿Qué pasó 4.500 años atrás para que más de 500 culturas que nunca llegaron a tener contacto coincidan en la misma idea?»

Con respecto a restos arqueológicos por aquellos lares se han encontrado cosas impresionates, como restos de rinocerontes de hace 25.000 años y al lado cadáveres humanos ¿Nos encontramos ante un nuevo oopart?

Otros acontecimientos imbuidos de misterio en este lugar son los testimonios de muchas personas que han observado luminarias que salen del lago Titicaca durante la noche ¿Estamos ante el fenómeno OSNI?

Dejando a un lado este tema tan interesante, su viaje también les ha servido para conocer distintas culturas y diferentes formas de enfrentarse a la vida. Por ejemplo, allí es muy común ofrecerle pagos a la «Pachamama» (la madre tierra). Incluso los arqueólogos cumplen con este tipo de rituales y cuando encuentran algún resto y profanan de alguna manera el eterno descanso de aquel lugar conservado a través del tiempo, vierten líquido en el suelo como ofrenda y permiso a la Pachamama.

Otro enclave interesante de su viaje fue la ciudad de Tiahuanaco, una de las ciudades más longevas de América del Sur. Se trata de los restos de un asentamiento milenario en el altiplano boliviano y con más de 15.000 años de antigüedad. Lo que más destacan Lorenzo y Juanjo de este yacimiento arqueológico es que allí «todo está hecho a escala de gigantes» ( y cuando uno escucha esto piensa en la leyenda del dios Viracocha en cuanto a la convivencia de humanos y gigantes…). Además, la ciudad alberga construcciones con una precisión y unos conocimientos que consideramos imposibles para la época. Lorenzo recordó una frase del explorador Percy Fawcett (que desapareció en 1925 en extrañas circunstancias durante una expedición en busca de una ciudad perdida en la selva de Brasil) acerca de algunas construcciones de Tiahuanaco: «no puedes meter una cuchilla entre piedra piedra».

Los ponentes están de acuerdo en que las construcciones de Tiahuanaco les recuerdan a las de Egipto o la Isla de Pascua. Además hay estatuas impresionantes, de 7 metros de altura, cuatro dedos en cada mano… «más que del pasado, cuando las ves piensas que vienen del futuro» confiesa Lorenzo. 

Si hay que destacar algún monumento insólito de este enclave arqueológico son restos como la Puerta de la Luna o la Puerta de las Estrellas. La Puerta de las Estrellas es una puerta, como su propio nombre indica, tipo la película «Stargate», en medio de la nada y con inscripciones en la parte superior. Aparece grabado un dios alado. Una vez cambiaron la puerta de sitio y un rayo la partió a la mitad. Volvieron a colocarla en su enclave original y nunca más sufrió percance alguno. Lorenzo se acordó de una frase de  Paul Éluard y la relacionó con el monumento: «Existen otro mundos, pero están en este».

También nos hablaron de lugares malditos como la Puerta del Infierno, una formación rocosa natural entre Perú y Bolivia en la que son habituales rituales de todo tipo. La gente dice que al otro lado de la formación, de la puerta, se oye música y gente. Es un lugar maldito donde ha desaparecido gente, al igual que en otro cerro del que nos comentaron que los nativos decían que era un lugar de ofrendas al demonio, de sacrificios humanos. ¿Casualmente? se dan muchas desapariciones de personas en los alrededores de este sitio. Juanjo comentó que la gente veía normal decir cosas como: «la semana pasada tal conocido mío fue al cerro pidió dinero, hizo un sacrificio humano y cuando llegó a su casa había un paquete con dinero en la puerta». Testimonios como este paralizan a cualquiera, porque lo peor de todo es que son testimonio reales.

Continuaron su viaje pasando por la zona de la Patagonia, la parte más austral del sur de América, que se extiende entre Argentina y Chile. Por cierto, en la conferencia descubrí de dónde viene el término «Patagonia»: de «patas grandes», «pies grandes» ¿Tendrá algo que ver con el tema de los gigantes? Lo que sí es cierto es que esta zona del mundo es una de las más ricas en avistamientos de OVNIs.

En la zona patagonia habitan durante largas temporadas pastores cuya única compañía son sus rebaños. «Cuando bajan otra vez a la civilización no se acuerdan ni de cómo se hablaba», comenta Lorenzo. Nos enseñaron una fotografía de un pastor capando a una de sus ovejas con su propia boca.

Su viaje continuó hacia Puerto Williams, en Chile, que es la ciudad más austral del mundo. También llegaron hasta el faro al que llaman:  «del fin del mundo». Personajes históricos como Darwin han estado por allí.

El destino final de esta aventura llena de sorpresas era: la Antártida, el continente más grande sobre el que se encuentra el Polo Sur. La Antártida contiene el 70% de las reservas de agua dulce en todo el mundo, por lo que todos los países tienen bases allí. Hay un acuerdo internacional que estará vigente hasta 2041 y que obliga a la no intervención de países en esta región del planeta (rica no solo en agua dulce, también en bienes tan preciados como el petróleo y el cobre), por eso Juanjo nos comentó que todos los países tienen bases antárticas a la espera de que ese tratado finalice.

Las fotografías de los paisajes antárticos eran preciosas y aparecían animales autóctonos como las focas y los pingüinos cuya vida se extiende entre los glaciares.

La conferencia sirvió para recordar a grandes aventureros que quisieron conquistar «el continente antártico», como Amundsen o Robert Falcon Scott, que compitieron por llegar al Polo Sur. Ganó Amundsen, que llevaba perros que se paraban ante las grietas, no como las máquinas de Scott.

¿Y existen misterios en la Antártida? Por supuesto. Investigadores rusos encontraron a 3 kilómetros de profundidad agua líquida. Esto llama «poderosamente la atención» (como diría y como de hecho dijo Lorenzo parafraseándose a sí mismo) porque debajo se encontró una cordillera rocosa muy parecida a los Alpes. «Esto nos lleva a pensar que quizá los hielos no son tan antiguos», confesó en voz alta Lorenzo. ¿Cabe la posibilidad de que haya ciudades perdidas bajo la Antártida? Puede ser, no se puede descartar esta hipótesis.

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