Usando discos de jade y espejos de pirita, a través de prácticas mágicas y de adivinación, unos chamanes determinaron la ubicación de Teotihuacán. Eran los llamados “teomamas”, los portadores de los bultos sagrados. Se ha encontrado su huella en el túnel en el que los teotihuacanos recrearon el inframundo, aquel enclave en el que habita Tlaloc, deidad de las aguas profundas. He entrevistado al arqueólogo responsable de esta excavación, Sergio Gómez, y os contamos todos los detalles en el último número de la revista Enigmas, el 271, disponible en digital y en todos los quioscos. Espero que os guste.