Antonio Ribera, el pionero de la ufología en España, gozó de un alma inquieta que le llevó a explorar no solo ese enigma que pulula por nuestros cielos. También los misterios de este hermoso planeta en el que habitamos. Si bien son de sobra divulgadas obras suyas tan imprescindibles como El gran enigma de los platillos volantes, Un caso perfecto -en coautoría con Rafael Farriols- o En el túnel del tiempo, hay ensayos de este autor que son muy desconocidos.

En los años 60 y 70 Ribera se enroló en la elaboración de unos libros que versaban sobre la exploración humana de zonas inhóspitas de la Tierra y del espacio exterior. La conquista de las grandes cumbres, La conquista de las profundidades submarinas, La conquista del Polo Norte y La Conquista del Espacio fueron estas obras auspiciadas por Ediciones I.D.A.G. y AFHA Internacional bajo el sello de la colección “Auriga”. Me ha llevado años reunir los cuatro ejemplares, unos ensayos valiosos tanto por la pluma de Antonio Ribera como por las preciosas ilustraciones de José C. Sanromá, Vicente B. Ballestar y Juan Marigot.

Ilustración de La Conquista de las grandes cumbres, de José C. Sanromá.

Las grandes cumbres

Cuenta Ribera en La conquista de las grandes cumbres que “en la antigüedad, las cumbres inhospitalarias y nevadas eran consideradas lugares horrendos, solo frecuentados por los dioses y los espíritus”. Con el paso del tiempo el ser humano, con su inagotable curiosidad por bandera, decidió explorar estos enclaves. Desde las arriesgada gesta de Aníbal el Cartaginés (en el 218 a. C.) o Napoleón Bonaparte, ambos cruzando con sus ejércitos los Pirineos y los Alpes, hasta la conquista del Everest del coronel Hunt y Edmund Hillary. De todas estas aventuras se ocupa Antonio Ribera en el libro, analizando las ascensiones más importantes que se han dado en todos los continentes. Como curiosidad, también dedica un capítulo al imperecedero enigma del Yeti.

Ilustración de La Conquista de las grandes cumbres, de José C. Sanromá.

“La sorpresa que se llevó Robinson Crusoe al descubrir en la arena de la isla desierta la huella de un pie humano no fue probablemente nada si se compara con la mayúscula que experimentó el 22 de septiembre de 1921 el coronel Howard Bury, famoso alpinista inglés, ante las huellas de unos ‘pies’ gigantescos, impresas en la nieve, a 7000 metros de altura y en el corazón del sacrosanto Himalaya”, en palabras de Antonio Ribera. El experto narra en este ensayo los primeros relatos conocidos sobre la posible existencia del hombre de las nieves así como el origen del término “Yeti”: “la palabra ‘yeti’ proviene del tibetano ‘Yeh’, animal desconocido, y ‘Teh’, región rocosa, aunque tiene distintas denominaciones según las regiones. Por ejemplo, en la otra vertiente del Himalaya se conoce a este ser misterioso por el nombre de ‘Metch Kangmi’, es decir, el abominable hombre de las nieves”, explica. Como concluyó Antonio Ribera, “entretanto el misterio sigue en pie, y el Himalaya oculta celosamente este milenario secreto entre sus nieves eternas”.

Ilustración de La Conquista de las grandes cumbres, de José C. Sanromá.

Ilustración de La Conquista de las profundidaes submarinas, de Vicente B. Ballestar.

Las profundidades submarinas

Como acertadamente escribió Josep María Ibáñez en la biografía de Antonio Ribera, él tenía dos pasiones: el delfín y la estrella; esto es: los enigmas del cielo y los de las profundidades del mar. Ribera fue uno de los primeros submarinistas españoles, miembro fundador del Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas (CRIS), primera entidad de este tipo fundada en nuestro país.

En La conquista de las profundidades submarinas, Ribera confiesa que “por encargo de una editorial de Barcelona, leí y traduje del inglés la obra del comandante Jacques-Yves Cousteau, The Silent World (El mundo silencioso), que obtuvo un éxito sensacional en los países de habla inglesa. El íntimo contacto que tuve que establecer con esta obra extraordinaria, acabó de despertar en mí el deseo de vivir la gran aventura submarina”. El ufólogo narra en estas valiosas páginas sus primeros contactos con el submarinismo y también los del ser humano en general, aludiendo a los montones de conchas que se han hallado en muchos yacimientos prehistóricos, “que nos hablan de una actividad pescadora, y tal vez buceadora, antiquísima”, expone.

Ilustración de La Conquista de las profundidaes submarinas, de Vicente B. Ballestar.

Junto con historias de famosas inmersiones que aparecen en la mitología y en crónicas de antiguas guerras, Antonio Ribera ofrece información sobre la historia de la navegación submarina, del submarinismo en todas sus facetas, y hasta se atreve a predecir que “a semejanza de lo que ocurrió con las regiones salvajes del oeste americano, después de los exploradores y descubridores, llegarán los colonos para establecerse en el fondo del mar”.

Ilustración de La Conquista del Polo Norte, de José C. Sanromá.

El Polo Norte

“Último reducto inviolado del planeta ha sucumbido también al tesón y al valor del hombre”, afirmaba Antonio Ribera. El ser humano ignoró, durante muchos siglos, la existencia de las regiones polares, y en La conquista del Polo Norte conocemos al primer explorador ártico del que se tiene noticia: Piteas, un griego del siglo IV, astrónomo y navegante que exploró los mares del Norte y escribió una relación de sus viajes.

En esta obra Ribera nos presenta a los aventureros, a lo largo de la historia, que se han atrevido a internarse en estas tierras heladas, tanto por tierra como por mar y aire, terminando muchas de sus gestas en tragedia.

Ilustración de La Conquista del Polo Norte, de José C. Sanromá.

Ilustración de La Conquista del espacio exterior, de Juan Marigot.

El espacio exterior

Y más allá de la Tierra, Antonio Ribera también se atrevió a conquistar literariamente el espacio. En el último libro de esta seriewer, Ribera refleja las distintas etapas de la conquista espacial a través de la figura de Wernher von Braun, científico alemán considerado el más importante diseñador de cohetes del siglo XX, quien desarrolló para la NASA los V2 así como el cohete Saturno V, encargado de llevar al ser humano a la Luna.

Ilustración de La Conquista del espacio exterior, de Juan Marigot.

Ilustración de La Conquista del espacio exterior, de Juan Marigot.

Desde los avances nazis en esta materia hasta el relevo de Estados Unidos, que terminó desarrollando muchos de aquellos programas con los que soñaba Hitler. Antonio Ribera nos relata pasajes de la historia de la humanidad como la llegada a nuestro satélite, las misiones llevadas a cabos por la Unión Soviética o los descubrimientos sobre Marte. Y termina su viaje con un instante reflexivo: “¿Serán los laboratorios espaciales el primer paso para que el hombre viva fuera de la Tierra? ¿Servirán para acortar distancias espaciales? ¿Llegaremos algún día a otro planeta? Preguntas de momento sin respuesta… Quizá los años desvelen muchos enigmas y misterios…”.

Nosotros seguimos con los mismos interrogantes, Antonio. Estoy segura de que tú ya los has conquistado.