Pensábamos que siempre estaría ahí, como el oráculo al que se acude en momentos críticos de una vida consagrada a la curiosidad; como ese faro al que se mira cuando uno desea mantener el rumbo correcto. No éramos conscientes de que podía llegar este duro golpe, aunque él mejor que nadie sabía –y a menudo nos lo recordaba- que estamos de paso en este planeta – Alcatraz, al que venimos, afirmaba, para acumular experiencias.

Lo único definitivo es que el pasado 26 de junio perdimos a Ignacio Darnaude Rojas – Marcos, nuestro amigo y maestro, el gran filósofo de los ovnis y una de las mentes más preclaras que han tenido la osadía de indagar en estos asuntos fronterizos del conocimiento actual. Reconocido a nivel mundial como el mayor pensador de la ufología, sus más de cincuenta años consagrados a la investigación ovnilógica –término que solía usar en sus comunicaciones- han dado su fruto a través de numerosas aportaciones que constituyen un legado de máxima calidad e importancia para los ufólogos venideros.

Ignacio Darnaude nació el 18 de noviembre de 1931 en Sevilla. Se licenció en Ciencias Económicas y Empresariales y desarrolló su carrera profesional en el mundo de la banca; se confesaba un apasionado de las matemáticas. A los ovnis los descubrió en los años cincuenta en un paseo por la madrileña Gran Vía; en el escaparate de una librería descubrió la obra El misterio de los platos voladores, de Cristian Vogt. Fue su puerta de entrada a una disciplina que le ha acompañado a lo largo de toda la vida.

Ignacio Darnaude posa con el primer libro ufológico que leyó: El misterio de los platos voladores, de Cristian Vogt. Fotografía Moisés Garrido.

Ideólogo de la transufología

Este pensador heterodoxo dejó a un lado la lógica humana para estudiar el fenómeno ovni libre de prejuicios. Así, llegó a la conclusión de que la ufología era un gran teatro cósmico donde nada es lo que parece. Ideó la denominada transufología como el intento de atisbar qué hay detrás de esa puesta en escena del fenómeno. En la entrevista que el investigador Moisés Garrido le realizó en la desaparecida revista Karma 7 en abril de 1993, Ignacio Darnaude definía la transufología en estos términos:

“La investigación del hábitat real de los no identificados, aplicada una vez traspasados los vestuarios, candilejas y camerinos, los iluminadores, tramoyistas y encargados de los efectos especiales de la farándula espacial. Es decir, las averiguaciones en torno a los auténticos personajes que diseñan, manipulan y tiran de los hilos del ilusorio despliegue sensorial que los controladores de los ovnis externalizan ante la ignorante manada terrestre”.

Ignacio Darnaude y Lourdes Gómez, fotografía Moisés Garrido.

Para este ufólogo, los detalles sospechosos de los avistamientos, su dudosa veracidad y los defectos que les restan seriedad científica y verosimilitud ante la opinión pública, son parte del engaño al que estaría sometida la humanidad. En sus propias palabras:

“¿Es normal tanta chapuza por parte de superdotados del Espacio, la evanescencia en los sucesos y el zafarse una y mil veces por la tangente? A todas luces no. Aquí se malicia un plan, y excelente organización. Campaña tan infalible de no mostrar la jeta y evadir pruebas, indica que el juego de aparecer y escaquearse es justamente uno de sus objetivos prioritarios, cuyo cumplimiento han elaborado con extremada eficacia”. (*)

Él tenía claro el objetivo de esta pantomima:

“Quitarle hierro al evento OVNI, que es lo que se pretende. Sin perjuicio de que, al mismo tiempo, la subcultura E.T. vaya calando gradualmente en el género humano: su objetivo número uno. (…) Puede resultar deprimente, pero no nos queda otra opción, si no deseamos engañarnos en demasía, que tomar a los extraterrestres como lo que en rigor son: actores siderales, que representan en los cielos un drama pedagógico, destinado a ilustrar a una humanidad ignorante y retrasada. (*)

Un fenómeno elusivo

Otra de las grandes aportaciones de Ignacio Darnaude ha sido enunciar el principio de elusividad cósmica, teoría que recogió en un libro bilingüe de apenas 80 páginas que considero una obra cumbre que va más allá de la ufología para convertirse en un excelente tratado filosófico: El principio de elusividad cósmica, publicado por la Editorial Nous en el año 2009.

Según Ignacio Darnaude, aunque los ovnis se exhiben con el mayor descaro ante el ser humano, a la vez hurtan cualquier demostración irrefutable sobre la existencia de los mismos, “para que todo quede siempre en el aire y preñado de incertidumbre”. En esto consistiría el principio de elusividad enunciado por el investigador sevillano, quien aclaraba su teoría con estas palabras:

“Un fenómeno elusívico podría definirse como la vicisitud que emerge en la realidad universal con todos los atributos de la existencia, pero sin embargo nos oculta su presencia deliberadamente”. (*)

Así, gracias a este carácter escurridizo, quedarían camuflados infinidad de fenómenos que “son considerados ciencia ficción por la élite del poder debido a que no se divisan”. Entre ellos, según exponía Ignacio Darnaude:

-El que convivamos con una abigarrada fauna de yetis, abominables bigfoot, animales fantasmas, monstruos lacustres, seres mitológicos, espectros, apariciones marianas, poltergeist, combustiones espontáneas, mutilaciones de ganado y entidades y eventos insólitos de carácter paranormal.

-Dios, las personas divinas así como las figuras teológicas de segundo y enésimo grado.

 -Experiencias postmortem o cómo viviremos en el otro barrio.

-La evolución universal de todos los seres y cosas, implicados en un ascenso meritocrático hacia la perfección última.

-La presencia de los denominados objetos no identificados, oriundos de ambientes exóticos y realidades alternativas.

Ignacio Darnaude con 18 años. Fotografía Archivo Ignacio Darnaude.

El libre albedrío y el sentido último de la vida

Entre los principales objetivos de este engaño a escala mundial estaría, según este pensador, el mantener a raya la creencia en los ovnis a la vez que, poco a poco, van asentándola en el inconsciente colectivo. También buscarían, añade, respetar el libre albedrío:

“Esta equilibrada ostentación fifty-fifty de indicadores simbólicos no definitivos representa, si atamos cabos, una democrática oportunidad abierta a todas las actitudes, ideologías, creencias y opiniones. A modo de pancartas, nos enseñan un abanico de vestigios ilustrativos, de multívoco significado, puestos en juego con ánimo de descartar sesgos preconcebidos, y de paso semiafirmar y cuasinegar al unísono (según interprete cada uno a su aire) la presencia del inasequible omniverso pluridimensional. (…) Con tan tortuoso modus operandi se evita perturbar el autónomo desarrollo de las independientes estirpes planetarias, garantizado por una ley cósmica de elevado status. Y, por encima de todo, queda preservada la capacidad real de escoger por parte de las criaturas. Los seres volitivos logran así ejercitar su libre elección de opciones, sin la coacción irresistible, hacia la adopción de determinadas creencias en torno a lo que anida más allá de la muralla cognoscitiva, que impondría una evidencia sensorial pura y dura respecto a los arcanos de la metafísica”. (*)

Para el padre de la transufología, la vida se desarrolla en múltiples espacios que van más allá de la Tierra. Nuestro planeta, según el filósofo, sería un espacio educativo:

“A tales efectos pedagógicos nos enchiqueran en un glamouroso hábitat-engañabobos fabricado ad hoc (el planeta Tierra es uno de ellos), adonde nos exilian por una larga temporada con idea de que adquiramos experiencia de carácter primario, imprescindible en los albores de la evolución. Allí protagonizamos las pasiones viscerales, inmensamente atractivas, de la inicial etapa zoo-humana: egoísmo, comer, beber y dormir, celos, alcohol y drogas, la pereza y el hedonismo, posesiones, riqueza, lujo y consumismo, vanidad, ambición, orgullo, poder y dominio, gloria y fama, odio, venganza, crueldad… En estos orbes de la materia densa se sigue interaccionando, hasta tanto no aprendamos a superar con éxito la aduana de otras dimensiones etéreas menos animalizadas”. (*)

Ignacio Darnaude soplando las velas en su tarta ummita en su 80 cumpleaños. Fotografía Moisés Garrido.

El contactismo y las obras reveladas

Sin duda, una de las cuestiones a las que Ignacio Darnaude prestó mayor interés fue al contactismo, fenómeno surgido en las últimas décadas al calor de la temática ovni. Se trata de una corriente social a nivel mundial, donde encontramos personas de todas las condiciones económicas y culturales que afirman estar en contacto con seres de otros planetas de manera más o menos continuada.

La inmensa mayoría de los contactados recopilan los mensajes recibidos o bien de manera telepática o a través del método de la escritura automática; muchos publican dichas comunicaciones con el fin de educar a la humanidad en la existencia de estos seres extraterrestres. Ignacio Darnaude optó por considerar que convivimos con numerosas categorías de seres invisibles; y defendía la realidad de estos contactos, tras estudiar miles de textos revelados:

“El objetivo es dirigir la evolución humana hacia estadios superiores de conciencia. Convencernos muy poco a poco y sin producir alarma social, sobre la existencia amistosa de otros mundos, seres y mentalidades no familiares y heterodoxos. Lo ininteligible, lo absurdo y lo extraño constituyen desde 1947 el marchamo más garantizado del modus operandi de nuestros vecinos siderales”. (*)

Reconocía, igualmente, que a pesar de que los textos de los contactados son coherentes y profundos en temas tocantes a la filosofía, la ciencia y la metafísica, son contradictorios entre sí; un detalle, según él, perfectamente orquestado por las altas esferas planetarias:

“(…) Los publicistas de la “derecha” informan honestamente y se proponen elevar el nivel de conciencia de la población terrestre. Sus rivales y heraldos de la negatividad transfunden por el contrario datos nada fiables, y aplican sus brillantes y seductores poderes intelectuales en confundir, engañar y corromper a los alegres y confiados clientes de los contactados. El cóctel –convenientemente agitado antes de usarse- de tan intoxicador popurrí de ideologías contrapuestas, se permite, dicen, con el loable objetivo de que logre manifestarse de facto el dualismo universal diseñado en los más encumbrados estamentos de la Realidad. (…) Por fortuna la útil opacidad que la bruma de la tortuosa elusiveness confiere a los intersticios de la realidad, es precisamente el acicate que nos espolea para soslayar el estancamiento y enfrentar un permanente desafío de inquirir, investigar y aprender”. (*)

Lourdes Gómez en el templo darnaudiano. Fotografía José Luis Hermida.

Ignacio Darnaude leyó infinidad de textos revelados desde el siglo XIII hasta nuestros días. De hecho, en su ensayo Libros revelados y síndrome contacto E.T. adjunta una relación de las obras reveladas más importantes de la historia (listado que también aparece en un artículo suyo en la maravillosa enciclopedia Más Allá de los ovnis). De entre todas esas comunicaciones, una de las que más le interesó fue El Libro de Urantia:

“Fue hacia 1906 cuando el médium de Chicago Wilfred Custer Kellog comenzó a balbucir extraños parlamentos en estado de trance, insuflados al parecer por inmigrantes de ciertos sistemas de vida perdidos en las profundidades del espacio. La transmisión de los mensajes, recopilados por el psiquiatra Dr. William Sadler y un Forum de colaboradores, se prolongó nada menos que 36 años. En 1955 se dio a la imprenta un masivo tomo de 2097 páginas, incidentalmente sin ninguna errata, una llamativa hazaña en el oficio tipográfico. The Urantia Book resultó ser un monumento intelectual de la cultura en esta centuria, que trata entre otras muchas cuestiones de la Trinidad y otras figuras subdivinas, la cosmogonía, estructura y fisiología del vasto organismo universal, naturaleza de la energía y composición íntima de la materia, historia y creación de la Tierra, y la vida y enseñanzas de Jesús de Nazaret. ¿Es un caso único dicha gruesa “Biblia” del siglo XX? Diremos que más bien es la norma, uno más entre varios millares de volúmenes inspirados que han visto la luz en los últimos 150 años”. (**)

Sus grandes preocupaciones como ufólogo

A lo largo de tantos años estudiando el fenómeno ovni, el investigador sevillano se especializó, por así decirlo, en algunas submaterias dentro de la ufología. Una de sus máximas especialidades fueron los fenómenos transitorios lunares:

“He reunido y analizado varios centenares de observaciones efectuadas en los últimos trescientos años por competentes astrónomos profesionales de todas las latitudes, que prueban la existencia de cierta actividad (volcánica o de otro tipo) en la superficie del vecino satélite. Los hombres de ciencia han registrado en múltiples ocasiones luces, fogonazos, líneas luminosas, manchas negras como la tinta, figuras geométricas, aparición y desaparición de estructuras en el suelo lunar, alteraciones en la morfología de ciertos cráteres, cuerpos en movimiento, nieblas o emisiones de gases, etc. Los mencionados cambios transitorios no están distribuidos al azar, sino que se concentran preferentemente en unas pocas regiones de la Luna, entre las que destacan los cráteres Platón, Aristarco y Gassendi. (…) En la noche del veintitrés de noviembre de 1877, el reputado selenógrafo británico doctor Klein y otros astrónomos de los Estados Unidos contemplaron, estupefactos, cómo misteriosas motas de luz surgían sobre la Luna, procedentes de diversos cráteres, convergían en el circo Platón, atravesaban su muralla externa y se reunían en el interior de dicho circo, formando un inmenso triángulo luminoso”: (***)

Ignacio Darnaude y Lourdes Gómez investigando libros en la biblioteca darnaudiana. Fotografía Moisés Garrido.

Darnaude también estudió la supuesta relación entre los ovnis y los terremotos, explicando: “parece que algo atrae a los ovnis cuando se desencadena un seísmo, y nadie dudará de que es vital para nosotros averiguar si los ovnis participan en el drama en calidad de actores o como meros espectadores”, afirmación muy en la línea de todos los trabajos que llevó a cabo sobre ovnis agresivos. Igualmente, se interesó por la relación entre el fenómeno de los no identificados y las apariciones marianas. En la maravillosa entrevista que le realizaba en los sesenta Carlos Murciano, el corresponsal en el mundo de los ovnis del periódico ABC, explicaba:

“Las apariciones no se deben con seguridad a alucinaciones ni a sugestión colectiva, sino que están motivadas por un agente real y objetivo exterior a los videntes. Analizando su distribución estadística, geográfica y cronológica, se extrae la sólida impresión de que las apariciones están programadas, obedecen a un plan consciente y persiguen una finalidad que podría ser tal vez la difusión de vastos movimientos de piedad popular, meta que, desde luego, han alcanzado plenamente”.

A pesar de que la inmensa mayoría de ufólogos de su generación defendían la simplista hipótesis extraterrestre, Ignacio Darnaude planteaba decenas de teorías para la problemática ovni, tanto ortodoxas como heterodoxas, todas ellas recogidas en su obra El desafío extraterrestre en el siglo XXI. Además, Darnaude nos ha legado planteamientos que hoy día son aceptados por la inmensa mayoría de la comunidad ufológica. Por ejemplo, que el investigador influye en el lugar en el que se dan los avistamientos: “los ovnis aparecen a sabiendas de que la noticia llegará al investigador de la zona para que pueda difundirla. Así, la sociedad iría acostumbrándose poco a poco a esa presencia, abriéndose a la creencia de que no estamos solos en el universo”.

Él mismo fue testigo de la aparición de ovnis hasta en tres ocasiones y aunque creía fervientemente en la realidad de estos eventos, también era consciente de los muchos fraudes que a menudo van asociados a esta temática. Paradójicamente, fue uno de los primeros críticos del affaire ummo y sin embargo, hoy día, era uno de sus últimos defensores. ¿El motivo? En palabras de Moisés Garrido, el ufólogo sevillano “llega a considerar que muchos fraudes OVNI posiblemente estén maquinados por esas mismas inteligencias extrahumanas para llevar a cabo exitosamente su complejo sistema de control sobre nuestra especie”.

Lourdes Gómez e Ignacio Darnaude. Fotografía Moisés Garrido.

Como profesional de estas lides ufológicas, Ignacio Darnaude fue pionero en estudiar lo que se esconde tras el fenómeno. Realizó numerosos trabajos de campo junto a compañeros como Manuel Osuna o Joaquín Mateos Nogales y su recopilación de datos sobre ummo ha dado origen al UmmoCat, o Catálogo Documental del Criptogrupo UMMO con unas 1.500 páginas; dicha obra contiene todas las referencias asociadas a este controvertido asunto.

Darnaude fue miembro de la British Astronomical Association de Londres; de la National Investigations Committee On Aerial Phenomena (N.I.C.A.P.) de Washington D. C.; y de la Aerial Phenomena Research Organization (A.P.R.O.) de Tucson, Arizona. Igualmente, la Universidad de Arizona, en concreto su Lunar and Planetary Laboratory, le nombró colaborador y observador en España del proyecto Lunar Transient Events.

Poseía, el transufólogo andaluz, una biblioteca con más de 15.000 volúmenes sobre temas diversos, como contactismo, ufología, misterio, filosofía, misticismo, apariciones marianas, arte o ciencia. En lo que a contactismo se refiere, me atrevería a decir que se trata de la colección más importante del mundo, con miles de títulos sobre esta temática publicados en varios idiomas y llegados desde todos los continentes. Por otro lado, además de su increíble biblioteca, en sus archivos guardaba miles de recortes de los más diversos temas, legado que donó libre y voluntariamente al ufólogo Moisés Garrido en el año 2012, acertada decisión, pues su discípulo está ordenando, restaurando y compartiendo dicha documentación con todos los interesados en estas cuestiones.

Ignacio Darnaude publicó seis obras: El principio de elusividad cósmica (Editorial Nous, 2009); Libros revelados y síndrome contacto E.T. (Editorial Círculo Rojo, 2014); Preguntas metafísicas, los qué, quién, cómo y por qué de la vida y el universo (Editorial Círculo Rojo, 2014); El desafío extraterrestre en el siglo XXI (Editorial Círculo Rojo, 2014); La vida después de la muerte. Aventuras en el más allá (Editorial Círculo Rojo; 2014); y Metaphysical Questions (Editorial Círculo Rojo, 2016).

Su casa sevillana en la calle Cabeza del Rey Don Pedro constituye el templo darnaudiano, acogedor y precioso espacio por el que han desfilado las figuras más importantes de la ufología y donde han tenido lugar maravillosas tertulias. He tenido la inmensa suerte de participar en muchas de ellas porque a mi llegada a la capital hispalense, como estudiante de la licenciatura de Periodismo, encontré en Ignacio Darnaude a un abuelo ufológico y a un maestro. Me iluminaba con su sabiduría y tanto él como su querida esposa, Mariluz Porta, me acogían en su casa muchas tardes, sola o en compañía de queridos amigos como Moisés Garrido, Manuel Filpo o Joaquín Mateos Nogales. Para todos nosotros, Ignacio Darnaude era mucho más que un pionero de la ufología al que escuchábamos embelesados; era una de las personas más cultas, generosas y bondadosas que hemos tenido la dicha de conocer.

Su marcha nos deja perdidos, desorientados. Y si nos atenemos a la filosofía darnaudiana, esta sensación nos acompañará para siempre: “a los buceadores de los arcanos de la vida nos aguarda un futuro –el único hacedero y deseable- preñado de indefinición orientativa, verdades a medias y a cuartos, ambigüedad per se, dudas hasta la médula, luces y sombras por igual.Y este quebradizo filo de la navaja, aunque suene a la herejía, acarrea bastantes mas privilegios que tragedia (…) Malvivimos atenazados por la bendita incertidumbre. Ése es nuestro sino. Y que no falte”.

Gracias por tanto, querido Ignacio. Nunca te olvidaré.

Ignacio Darnaude y Lourdes Gómez. Fotografía Moisés Garrido.

(*) El principio de elusividad cósmica, Ignacio Darnaude. Editorial Nous, 2009.

(**) El desafío extraterrestre en el siglo XXI, Ignacio Darnaude. Editorial Círculo Rojo, 2014.

(***) Algo flota sobre el mundo, Carlos Murciano. Editorial Prensa Española, 1969.