Hoy llega el otoño y de su mano uno de los fenómenos arqueoastronómicos más fascinantes del mundo: el descenso de la Serpiente Emplumada, de Kukulcán, a través de uno de los laterales del conocido como Castillo o Palacio de Kukulcán en Chichén Itzá. Este efecto lumínico atrae cada año a miles de visitantes de todo el mundo.

Estos días los turistas se concentran en uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de la provincia mexicana de Yucatán, Chichén Itzá, para contemplar un evento único. O casi, y es que la bajada de la Serpiente Emplumada puede observarse en dos ocasiones al año: durante los equinoccios de primavera y otoño. En dichos momentos, especialmente una hora antes de la puesta del sol, puede apreciarse ese descenso sagrado en toda su plenitud. Su existencia demuestra el gran nivel de conocimiento astronómico y arquitectónico que poseían los mayas.

Castillo, Palacio o Templo de Kukulcán en Chichén Itzá. Fotografía Lourdes Gómez Martín

Castillo, Palacio o Templo de Kukulcán en Chichén Itzá. Fotografía Lourdes Gómez Martín

Pero, ¿Cómo se produce esa bajada? Se forman siete triángulos de luz que van descendiendo hasta una de las cabezas de Kukulcán que decoran su templo en Chichén Itzá. El efecto se produce por la forma en la que el sol ilumina las nueve plataformas de una de las caras de dicho templo y cada triángulo representa el cuerpo de la serpiente sagrada. Hay que destacar que, según expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), la bajada de la Serpiente Emplumada no está asociada a la llegada de la primavera o del otoño. En esta noticia de Excélsior TV se explica muy bien y puede apreciarse con claridad el fenómeno.

Kukulcán o la Serpiente Emplumada

Chichén Itzá etimológicamente significa “la ciudad al borde del pozo de los Itzaes”. Fue capital de un amplio territorio en la península de Yucatán encabezado por la liga de Mayapán, del 987 hasta el año 1200 d. C.

Los Itzaes, según estiman los expertos, llegaron tardíamente a Yucatán y se asentaron en Chichén Itzá, donde introdujeron el culto a Quetzalcóatl con el nombre de Kukulcán. “Los itzaes no estaban sino que llegaron y conquistaron Chichén por los finales del Clásico mesoamericano, después del 900 de la era cristiana; se decían haber sido creados por Mizcit Ahau, que no es otro que Nacxit, Kukulcán o Quetzalcóatl, el dios creador del Quinto Sol y de la nueva humanidad que vio la luz en Temoanchan; o sea, que como la religión o culto a Quetzalcóatl se originó en Xochicalco, Morelos, y de ahí se difundió por la región maya acompañada del militarismo, a través de señores-sacerdotes y caudillos que llevaban el mismo nombre de la deidad, solo que traducido a sus lenguas nativas, los Itzaes lo adoptaron en tierras maya-chontales, se hicieron descender de él y lo llevaron a Chichén Itzá”, expone Ramón Piña Chán, quien fuera profesor emérito de la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México en su obra Chichén Itzá, la ciudad de los brujos de agua. Si bien desde que Piña Chán publicara su libro en la década de los 80 nuestros conocimientos sobre Chichén Itzá han cambiado, este pasaje nos sirve para entender por qué una misma divinidad tiene varios nombres, según su traducción a distintos dialectos y lenguas, y cómo se extiende por distintas tribus debido al militarismo.

Cabeza de serpiente emplumada donde se produce el fenómeno lumínico en los equinoccios. Fotografía Lourdes Gómez Martín.

Cabeza de serpiente emplumada donde se produce el fenómeno lumínico en los equinoccios. Fotografía Lourdes Gómez Martín.

Por lo tanto, se piensa que los Itzaes introdujeron en Chichén Itzá el culto a Kukulcán, a Venus como hombre-pájaro-serpiente, como creador del Quinto Sol y de la nueva humanidad, como señor del Tiempo, un elemento tan importante en la cultura maya, representándolo con preciosas serpientes emplumadas o, tal y como indicábamos, como hombre-pájaro-serpiente. También ha sido representado como un “Tláloc” con anteojeras, bigotera, colmillos salientes y tocado con jeroglíficos alusivos a la lluvia, a la agricultura, a la vegetación. A una visión cíclica del tiempo, en definitiva.

De todo ello puede decirse que Kukulcán, una de las deidades más importantes de la mitología maya, era para los habitantes de Chichén Itzá el planeta Venus, que simbolizaba la luz y la oscuridad por ser la estrella de la mañana y de la tarde y que tenía que ver con el tiempo, del que era su Señor. Su origen primigenio no está claro, hay investigadores que lo asocian con la cultura tolteca mientras que otros afirman que vendría de los olmecas, pero en todo caso, su culto en Chichén Itzá vino de la mano de los itzaes.

Ausencia enigmática

Los expertos llaman la atención sobre una ausencia enigmática en Chichén Itzá: la de inscripciones que reflejen el nombre de Kukulcán. “La Serpiente Emplumada penetró a Yucatán por el poniente y gobernó la ciudad luego de la muerte de los tres hermanos; posteriormente se trasladaría a Mayapán, donde rigió antes de cederles el mando a los cocomes y pasar por Champotón, para, finalmente, retornar a México. Las Relaciones geográficas del siglo XVI coinciden en afirmar que no era un hombre maya y sugieren que practicaba cultos del poniente de Mesoamérica, mientras que los libros de Chilam Balam asocian su llegada a la región con un Katún 4 Ahau. Como ya observaba J. Eric S. Thompson, la pirámide conocida como Castillo Interior carece de ornamentación asociada a la Serpiente Emplumada, situación que contrasta con la del Castillo Exterior, que de acuerdo con las investigaciones arqueológicas recientes fue construido con posterioridad al año 890. Ello refuerza la sospecha de que el fenómeno cultural de los Itzaes en Chichén Itzá -si de verdad estos se asociaban con Kukulcán o con los distintos funcionarios que llevaron ese nombre- es más reciente de lo que se ha pensado” , explica Erik Velásquez en el prefacio de la última edición de Chichén Itzá, la ciudad de los brujos del agua, publicada en 2012.

Erik Velásquez, doctor en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha participado en una investigación que ha demostrado que “el culto a la estrella matutina, vinculado con la Serpiente Emplumada, la guerra, el sacrificio, los escudos, lanzadardos y los días canónicos para los ortos heliacales de Venus (…) no es un complejo cultural anterior a los siglos IX y X. Así, se refuerza la idea de que el culto a Kukulcán en Chichén Itzá pudo ser relativamente tardío, aunque obviamente anterior a 1100”.

El castillo de Chichén Itzá

El descenso de la Serpiente Emplumada se produce en el conocido como Castillo de Chichén Itzá, la pirámide principal de la antigua ciudad. Según los expertos, fue construida como un marcador astronómico que permitía a los mayas ajustar el calendario cada año y que además constituiría un cosmograma cuyos cuatro puntos cardinales estarían alineados con algunos de sus cenotes sagrados.

El arqueólogo Ismael Arturo Montero, autor de El Sello del Sol en Chichén Itzá, se refiere al Castillo “como observatorio, se marcaba el ‘eterno retorno’ del astro”, lo que demuestra que los mayas contaban el tiempo más allá de la existencia humana, estableciendo periodos de larga duración. “El ‘eterno retorno’ tenía como punto prominente la posición del Sol sobre el horizonte para el día del paso cenital; a este suceso se sumaban los solsticios y los equinoccios, además de otras fechas señaladas en el calendario ritual. Este conocimiento era indispensable para sincronizar los ciclos agrícolas con las temporadas de lluvia y sequía”, en palabras del experto.

Templo de Kukulcán en Chichén Itzá, Yucatán, México. Fotografía Lourdes Gómez Martín.

Templo de Kukulcán en Chichén Itzá, Yucatán, México. Fotografía Lourdes Gómez Martín.

Adentrase en el mundo de Chichén Itzá es abrir una puerta a los misterios del tiempo; es poner la curiosidad sobre una cultura única cuya historia, en gran medida, ignoramos.